¿Qué fue antes, las alergias o la primavera? Es posiblemente una de las estaciones más bonitas del año, siempre que no tengamos alergia al polen, a las gramíneas o alguna variedad de estas. Cuando hablamos de alergia nos referimos a una alta sensibilidad de nuestro cuerpo ante una sustancia, organismo o partícula, que nos produce un síntoma al ingerirla, tocarla o simplemente inhalándola.
Síntomas generales de las alergias infantiles
La rinitis, produce estornudos, inflamación en los ojos y se ha comprobado que existe una relación con los problemas de oído. Para su tratamiento existen antihistamínicos, aerosoles nasales o algún tipo de vacunación periódica, pero ninguno de ellos los podremos administrar al peque sin antes haber consultado con nuestro médico. Uno de los remedios caseros que podemos aplicar para intentar calmar alguna crisis es el lavado nasal: con una jeringa, o bien con unos productos de venta en farmacia para esta función, se administra una solución salina por la nariz para facilitar la expulsión de los mocos.
De esta manera ayudamos a que respiren mejor. Es un procedimiento molesto, pero puede aportar una sensación de bienestar que nos puede reconfortar en momentos de mucha congestión.
Las erupciones en la piel, también conocidas como dermatitis atópica o eczema, ambas son un síntoma inequívoco de la alergia. Normalmente son muy fáciles de identificar: de repente el peque se llena de granitos o rojeces. Nuestra actuación en este caso siempre tiene que ser consultar con un profesional, aunque para intentar paliar los picores asociados a este tipo de erupciones, podemos usar algún remedio natural mientras nos desplazamos al médico: aloe vera, aceite de oliva, agua con hielo para bajar la inflamación o algodón empapado en manzanilla pueden ser una alternativa.
Si seguimos mirando complicaciones producidas por las alergias, nos encontramos con el asma, uno de esos síntomas que nos presenta un gran respeto aunque no tengamos del todo claro en qué consiste.
El asma no es otra cosa que una inflamación de las vías respiratorias capaz de producir dificultad respiratoria, jadeos, tos, cansancio y otros síntomas muy parecidos a los producidos por la falta de aire. El asma puede pasar desapercibida la mayor parte del tiempo, pero el brote podría desencadenarse en un momento concreto con intensidad variable.
Una gran parte de los niños y niñas en los primeros años de vida son diagnosticados de alguna enfermedad respiratoria, si los síntomas de tos con pitos y algunos de los descritos se repiten más de tres o cuatro veces al año, es muy posible que nos diagnostiquen una posible asma. Algunos niños la padecen de pequeños, pero puede desaparecer con el paso de los años.
El asma, por el momento, no tiene solución total, pero no por ello tenemos que preocuparnos en exceso, pues actualmente existen muchos métodos de control y tratamiento muy avanzados que nos pueden permitir llevar una vida normal. El mejor tratamiento del asma es muchas veces saber identificar cuándo y por qué se está convirtiendo en un problema. De esta manera, se usarán los medicamentos exactamente cuando se necesiten y muchas veces también nos ayudará a alejarnos de los elementos causantes.
A pesar de que los síntomas de las alergias en algún momento pueden resultar muy visibles, tenemos que recordar que en ningún caso son algo contagioso y de lo que tenemos que preocuparnos es de solucionar el malestar.
No todos los peques tienen alergia a las mismas cosas, pero sí que existen unos agentes que destacan por causar la mayoría de ellas: el polen, el moho, los ácaros del polvo o el pelo de algunos animales, serian los más conocidos, así como algunos medicamentos y alimentos.
Por tanto, en caso de detectar algo anormal en nuestros peques, si creemos que puede estar relacionado con una alergia, vale la pena detenerse a mirar la relación que tienen con estos agentes y ofrecer esta información cuando visitemos a nuestro médico.












