“Photo Chic” reivindica a Catalina Guzmán

Destacan que lo distintivo de su obra fue haber transformado el significado de lo chic, en boga en esa época, para enfocarse en las nuevas caras de las mujeres. Cortesía
Destacan que lo distintivo de su obra fue haber transformado el significado de lo chic, en boga en esa época, para enfocarse en las nuevas caras de las mujeres. Cortesía

Más de un centenar de imágenes, la mayoría nunca antes exhibidas, rescatan del olvido a Catalina Guzmán (1892-1964), una de las pioneras de la fotografía de estudio en México, cuyo quehacer marcó un punto y aparte en la historia nacional de esa disciplina.

Su obra se caracterizó por retratar a las mujeres modernas que en las primeras décadas del siglo XX comenzaron a ocupar la vida pública y por un gesto que la distinguía de sus contemporáneos: firmar a mano sus imágenes, asumiéndose artista en un gremio dominado por lo industrial.

La exposición “Catalina Guzmán: Photo Chic”, que abrirá mañana en el Museo Nacional de San Carlos, reúne por primera vez un conjunto significativo de su trabajo, con 90 por ciento de piezas inéditas provenientes de colecciones como la Fundación Televisa, el Museo del Estanquillo y acervos particulares.

La muestra —la cual permanecerá abierta hasta el 26 de julio en avenida México-Tenochtitlan 50, colonia Tabacalera— recorre la trayectoria de la fotógrafa desde 1914, cuando a los 22 años comenzó a dirigir Photo Chic, estudio familiar en la céntrica calle de Monte de Piedad número 5, en el último piso del desaparecido hotel Metropolitano —hoy centro joyero—, hasta finales de los años 40.

Durante ese periodo, Catalina Guzmán no solo capturaba las fotografías, sino que las iluminaba con óleo, técnica que acercaba la imagen a la pintura y que, combinada con su firma manuscrita, evidenciaba su conciencia de creadora artística.

Objetivo

“Esta exhibición tiene como interés que Catalina Guzmán no sea olvidada en la historia de la fotografía mexicana y de la Ciudad de México”, destacó César González Aguirre, su curador, durante la presentación a medios.

El historiador del arte destacó la dimensión incluso internacional de esta fotógrafa, quien junto con su hermano Jerónimo —quien se encargaba de los retratos masculinos—, obtuvo en 1924 la medalla de oro en una exposición internacional en Milán, Italia, por su obra sobre mujeres y niños.

Pero más allá del reconocimiento, subrayó, lo distintivo de su trabajo fue haber dado “otra vuelta” al concepto de lo chic, muy en boga en esa época, que buscaba un público moderno y cosmopolita, para enfocarse en las nuevas caras de las mujeres, que ya no sólo trabajaban en casa, sino que formaban parte de la vida pública.