Los pintores Pablo Picasso (1881-1973) y Diego Rivera (1886-1957) se han vuelto a “encontrar” para “conversar a través del tiempo”, en una exposición de más de 150 piezas, abierta al público en el museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA, por sus siglas en inglés), en coproducción con el Museo del Palacio de Bellas Artes (MPBA), recinto a donde itinerará el 14 de junio de 2017.
Estos dos gigantes del siglo XX se conocieron en Europa, fueron amigos, discreparon sobre el acercamiento del mexicano al cubismo —introdujo elementos del arte precolombino y popular—, se alejaron y Rivera regresó a su país donde, junto con otros artistas, desarrolló el muralismo.
Mientras que más de un centenar de las obras, entre pintura, grabado, dibujo y escultura, son de la autoría de Picasso y Rivera, las piezas restantes son arqueológicas porque en uno de los cinco apartados de la muestra ambos artistas voltean hacia sus órdenes clásicos: el primero, lo ibérico y grecorromano, y Rivera, lo precolombino.
Se incluye una selección de la colección arqueológica particular de Rivera, resguardada en el museo Anahuacalli. Se consiguió también la llamada “cabeza de Osuna”, una obra románica española, que Picasso retomó para hacer su autorretrato.











