A diez minutos de la tumba de Pedro Infante, con el que pasó momentos divertidos durante el rodaje de El inocente, Silvia Pinal ya descansa al lado de su mamá y su hija Viridiana Alatriste. En la cripta de la familia Pinal Hidalgo, ubicada en el Panteón Jardín, las cenizas de la estrella de la Época de Oro del cine mexicano fueron depositadas en febrero, como ella mismo lo pidió, para estar al lado de dos de las personas que más amó en su vida.
Se reunió con ellas después de muchos años: a Viridiana, su hija, la perdió en 1982 en un percance automovilístico, mientras que a su madre, María Luisa Hidalgo, a finales del milenio, en 1999. “La ausencia de Viri me acompañará siempre, hoy, tras tantos años de ese trágico accidente, la sigo extrañando y amando”, escribió Silvia en su autobiografía Esta soy yo.
La cripta familiar se encuentra a casi media hora caminado de la entrada principal del cementerio, conocido por ser lugar de descanso de varios famosos. En el Panteón Jardín, además de la de Infante, se encuentran a pocos metros de esta las de Blanca Estela Pavón, la “Chorreada” de Nosotros los pobres, y de Jorge Negrete.
También hay un área destinada para la ANDA, esa sí cerrada para los visitantes. La de Pinal Hidalgo está en medio de uno de los pasillos en donde resalta por su color rojizo y una cornisa. La zona tiene varios árboles a su alrededor y algunos letreros de venta de las familias ocupantes de algunas de las criptas vecinas.
En su interior hay gardenias, una de las flores favoritas de Silvia; rosas y crisantemos. Y en el altar, donde hay al menos una docena de veladoras, figuras de ángeles, cruces y una imagen de Jesucristo, destaca un dibujo con la imagen de Viridiana y una fotografía de su abuela María Luisa. Pero no hay una de Silvia. Empleados del panteón refirieron que el día de la colocación de las cenizas todo fue tranquilo. Muchos de ellos ni se enteraron de la presencia de la familia.
Silvia Pinal falleció el pasado 28 de noviembre debido a complicaciones derivadas de una infección de las vías urinarias. Sus cenizas permanecieron durante casi dos meses en la residencia que habitó en el Pedregal de la Ciudad de México. Durante ese tiempo, su hija Alejandra Guzmán reveló que se había llevado parte de las cenizas para hacerse un diamante y siempre tener cerca a su mamá.











