Piojos y pulgas, transmisores de la peste

Piojos y pulgas, transmisores de la peste

Tantos años culpando a las ratas y resulta que la causa de la propagación de la peste negra no fueron los roedores sino los humanos. Así lo afirma un estudio de las Universidades de Oslo y Ferrara.

La peste golpeó Europa en distintas oleadas en el siglo XIV. La conocida como muerte negra (o peste bubónica), que causó estragos entre 1347 y 1352, matando al menos un tercio de la población (unos 50 millones de personas), probablemente comenzó en el norte de la India o en las estepas de Asia Central y se habría dispersado a través de las rutas comerciales.

Rápidamente se culpó a los judíos de envenenar los pozos para, siglos más adelante, convertir a las ratas en cabezas de turco. Nada más lejos de la realidad. Según la investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), que forma parte de un proyecto para reconstruir las rutas y las causas de las epidemias antiguas, el modelo que mejor encaja con los hechos ocurridos hace 670 años es el que se basa en los parásitos humanos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, hay tres tipos de peste: la bubónica, la septicémica (bacterias en el torrente sanguíneo) y la neumónica (o pulmonar). “La pulmonar era la única para la que se consideraba la transmisión de persona a persona, transmitiéndose a través del aire al respirar”, explica la profesora Barbara Bramanti.

“Después de la tercera pandemia de peste, que se originó en China en 1855, se descubrió una alta mortalidad de ratas antes de la epidemia. Así que se pensó que las pulgas de las ratas, buscando nuevos huéspedes, habían saltado sobre las personas, infectandolas. Pero existe un problema: en los informes de la época medieval no se menciona la muerte de ratas por ningún lugar”, añade.

El trabajo sugiere que la higiene personal es muy importante para evitar la futura difusión de la peste, una enfermedad que dejó 3.248 nuevos enfermos entre 2010 y 2015, 584 de los cuales fallecieron.