Pocos los poetas en México que logran vivir de su arte

México * Agencias. Los poetas viven -los que no son rentistas o herederos- de dedicarse a actividades en instituciones culturales (o bien, combinando dos o más) aun cuando no puedo ponerlas en orden: son maestros, talacheros de la industria editorial (redactores de solapas, dictaminadores), periodistas de todos los géneros, publicistas. Desde luego, una diminuta minoría de los poetas disfruta de becas.

Hay una porción que resulta intrigante: la de los poetas que no sólo viven, sino que viven muy bien, de ganar premios; cómo lo hacen, lo ignoro, pero se ganan dos, tres o más premios cada ano, algunos soberbiamente dotados. En buena hora.

Estos últimos son quizás los únicos que de verdad viven de sus versitos; aparte de ellos, los dem*s viven al día, pero eso sí... honorablemente.

La poesía sirve en estos tiempos para aclarar la percepción, afinar las ideas, enriquecer los vocabularios, ensanchar la inteligencia. Mallarmé decía que los poetas eran los encargados de darle un sentido más puro a las palabras.

La poesía, por otro lado, no sirve para nada, en términos estrictamente económicos o mercadológicos. Es una actividad medio gratuita, que se hace por gusto, por vocación o por placer hedonista. Sirve para defenderse de la estupidez. Sirve para acercarnos a las cosas y los fenómenos por deseo y alejarnos de lo que nos disgusta con repugnancia, como decía, más o menos, el Lince de Trocadero, José Lezama Lima.

Así los poetas viven para reflejar su arte, y sobreviven en un mundo que no los comprende.