Verónica Huesca * CP. El uso de hierbas y plantas curativas ha estado presente durante el transcurso de la evolución del ser humano.
En México, cuando llegaron los espanoles, los médicos locales tenían fama de sabios, hecho que Hernán Cortés llegó a comprobar con gran admiración.
Pese a ello, los médicos europeos desplazaron poco a poco a los médicos indígenas, con el argumento de que eran brujos.
Y es que la medicina indígena otorgaba a los productos vegetales un sentido mágico religioso, hecho que era prohibido y por ello perseguido por los evangelizadores espanoles que calificaban de herejía.
A partir de este momento, las prácticas médicas de los indígenas se ven desvirtuadas, por no entrar su cosmovisión con la concepción occidental. Este conocimiento médico ha persistido hasta nuestros días, ya que quienes no tienen suficiente poder adquisitivo recurren al sanador tradicional o a las plantas curativas para obtener una mejor calidad de vida.
Así, la tradición herbolaria se mantiene dentro del saber popular, es el caso de los campesinos e indígenas que conocen las plantas silvestres y sus cualidades terapéuticas, mientras que las mujeres en la casa conocían las propiedades de las plantas que cultivaban en el huerto familiar, generalmente ubicado en la parte posterior de la casa.
Es en los mercados de la ciudad donde podemos encontrar diversas plantas medicinales y, de hecho, personas que te explican cómo deben ser usadas para obtener sus beneficios, de tal manera que esta tradición es oral.
En nuestro país existen 26 mil especies vegetales, siendo alrededor de 5 mil que se conocen como medicinales, número que sigue aumentando ante el descubrimiento de otras plantas nativas silvestres.
Flores de árnica, las semillas de zopilopachtli, el anís estrella, ginkgo bilova, el ajo, la sávila, el eucalipto, la hierbabuena, el boldo, la manzanilla, la canela, hinojo, tila, flor de azahar, etc; son tan sólo algunas de las plantas medicinales que se utilizan dentro de la herbolaria para sanar.











