Poema de Octavio López Rojas

Escritor y poeta originario de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Para comentarios, escribir al correo [email protected].

La musa

En la adorada tormenta del cuerpo,

escribo estos inevitables versos

en lo tierno de tu presencia

en lo áspero de tu garganta

guardando sana distancia

yo quiero tener tu cuerpo

Del corazón acelerado,

tomo todas las medidas

recito caricias, contemplo.

En el azul de tu ventana,

que en la adorada mañana

será pasión de otro verso.

¡No tendrás otro remedio!

Deja que fluya como tu ritmo cardiaco

cuando tienes ira, nostalgia y miedo,

cuando la tristeza nace en soledad

y en soledad, me resigno al dardo

ardiente de tu ausencia,

de no encontrarte entre mis besos

¡Resignación, negación, qué más da!

¡Resignación y negación sin remedio!

¿Qué más da tu maldad?

¡De no hablarte entre mis versos!

¿Por qué se fue la musa?

¿Cuándo dejó mi cielo?

¿Cuándo cargó mi alma

y la puso en tus ojuelos?

Noche tibia de melancolía.

¡Algo pasó contigo!

¡Que me has cuidado noche y día,

rompiendo espacio y tiempo!

¡Qué pasó contigo!

Se me hace tarde la agonía,

quizás dormir es lo que siento

¡Regresa pronto a mí, musa!

¡Regrésame antes del sueño, ilusa!

¡Regrésame en vida tu silencio!

¡Que quiero volver a ti, musa,

que quiero un beso tuyo,

un beso de amor y nervios,

en los aires del tiempo!

Regrésame porque yo

me duermo,

me siento cansado,

te palpito lento,

te quiero

Señales de princesas

¿En qué momento

las princesas se volvieron prisioneras?

¿En qué momento dejaron el castillo?

¿Cuál es la razón que envuelve el vuelo?

¿Que abandonan nido, sin hacerlo?

¿Por qué voltear a ver en silencio?

¿Por qué tratar de escuchar el agua,

deslizándose lento?

¡Por qué amar lo que fue,

lo que caló hondo

aquí adentro!

¡En que momento las princesas

se volvieron pájaros al viento!

¿Cuándo dejaron el castillo

y abordaron lentejuelas?

¡No me di cuenta!

¡Alcánzalo!

Puse candados en la puerta,

anillando el sol en el destierro,

tratando de entender

lo que canta.

¡Abrázalo!

¡Mi alma partió con ellas!

¡Se han ido! ¡Qué vergüenza!

¡No entender este suplicio

me atormenta!

¡Y cae la noche, escudriñando

orificios de su puerta abierta!

¡Qué tormento el ya vivido!

¡Qué espacio aquí adentro!

El corazón lo sabe, está vacío,

espacio sepulcral del nido,

mas la esperanza lo alimenta

¡Que remordimientos traigo conmigo!

¡Yo, príncipe en tinieblas!

Descansando la mente en recuerdos

que cortan mis azules venas,

no es glamoroso saber que he perdido,

que su ausencia corre aun estando vivo,

que sus algodones y espumas de colores

son evocaciones de pájaro herido

¡Me da nausea la muerte y el hastío!

¡Vivir muerto es un suplicio!

¡Tengo necesidad de amarlas!

¡Tengo frío!

Y la puerta sigue abierta,

aún sangra, el desprecio de perderlas...

¿Pero qué caso tiene esto?

¡Se han ido!