Política cultural ineficiente

"Federico Álvarez del Toro * CP. Cada que empieza un sexenio, la esperanza se renueva entre los creadores: un gesto de esperanza se ve en sus rostros, por fin un cambio -piensan-, pero la desilusión llega pronto. Unos meses bastan para devolver a los artistas a la realidad: el sentimiento de desprotección y de que nadie los representa; se sienten defraudados y les entra la incertidumbre. Antes de dormir se preguntan: ""zque irá a pasar con mi trabajo creativo? No tiene cauces de salida, es ignorado y nunca se cuenta con apoyo para los proyectos"".

En las reuniones a las que son convocados hacen propuestas que llegan a ningún lado.

Generalmente, los estatus artísticos quedan bajo el criterio de un solo individuo.



Analfabetismo cultural

El ""talento joven"", sobre todo, que no cuenta aún con respaldo curricular, es presa fácil del analfabetismo cultural de las secretarias o administradores de los recursos.

La frase ""está en junta"" es el cliché más barato, pero es lo primero que aprenden los secretarios que manejan las agendas.

zEn qué momento se invirtieron los valores? zPor qué los creadores se convierten en seres que gestionan en lugar de dedicarse a lo suyo? zPor qué están temerosos de que se les cierre la puerta del sexenio o el consejo en turno?

Empiezan a aparecer las caras largas. El estado del nunca jamás, donde los suenos nunca se realizan y asecha la indiferencia, el clientelismo laboral y la ausencia de color, música, vida, sabiduría y alegría.

Siempre me he preguntado por qué las instancias culturales son disfuncionales al propósito para el que fueron creadas. Nada más alejado del arte que estos edificios de oficinas, sombríos, tristes, llenos de personajes grises detrás de los escritorios. Por qué será que estos lugares cuyo ambiente debía ser de fiesta creativa carecen de capacitación.

Esta contradicción, en apariencia simple o intrascendente, como la habilitación de un recinto para atender las necesidades creativas, refleja un malestar interno y una carencia de conocimiento del oficio mismo del trabajador de la cultura. La pregunta más inquietante es: zpor qué los creadores sienten que no son bienvenidos en tales recintos? Cualquier encuesta revelaría el grado de malestar, desconfianza y resentimiento que los artistas sienten hacia los administradores culturales. Un creador que se anima a visitar lo que debía ser ""Su Casa"", un acto que supondríamos de alegría, deriva en un trago amargo y en una mala experiencia. Los ejemplos sobran y no hay quién no los haya padecido.



Funcionarios obsoletos

Nunca se ha visto que los artistas despidan a un funcionario o jefe de la cultura con nostalgia al final de su periodo, más bien, les urge que se vaya.

Los artistas ya no veían la hora de que terminara su administración Rodolfo Reyes Cortés, un personaje que dejó profundas heridas en la comunidad artística. Durante seis anos humilló a cuanto creador se acercó a su instancia en busca de apoyo, siempre alegando que no tenían calidad, en lugar de procurar su desarrollo.

""No contar con pasaporte cubano"" era ser remitido a Sonia Liceaga, que se dedicaba a empantanar los proyectos hasta que el artista desistía, ante el desgaste emocional y económico que implicaba dar seguimiento formal a cualquier iniciativa. zMerecen los artistas chiapanecos ser tratados de esa forma, una y otra vez? zPor qué se elige a tales personajes para puestos tan delicados?

El premio Chiapas de Artes y Ciencias, que supone un reconocimiento, no contempla el seguimiento de la obra de los creadores o científicos, ni su activación o protección. Los maestros sobreviven en la indiferencia.

Terminamos con la pregunta: zqué indica el que los artistas no convivan con sus autoridades culturales? Siempre están separados por un escritorio, y la relación, si llega a existir, se vuelve distante, fría y operativa.

Los funcionarios no quieren el compromiso; evaden al artista, lo ven como una molesta carga. Una amenaza a su aburrido presupuesto etiquetado.

zPuede florecer el arte en tales condiciones? Desde luego que no. El creador lo hace a pesar de ellas y termina auto promoviéndose. Mientras el tiempo pasa, las instancias creadas para servir a la cultura sólo se sirven de ella.

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