Finalmente se supo. Un informe desclasificado del año de 1967 de la Academia Sueca de Ciencias reveló el motivo, al menos “formal”, por el que el máximo escritor argentino, Jorge Luis Borges, nunca recibió el Premio Nobel de Literatura.
Aquel año, el presidente del Comité del premio de literatura, Anders Osterling, rechazó al autor de El Aleph con un comentario definitorio. “Es demasiado exclusivo o artificial en su ingenioso arte en miniatura”, sentenció la cabeza del jurado, según reveló el diario sueco Svenska Dagbladet en base a documentos de la Academia. En otras palabras, Borges fue excluido por culto.
Con Asturias también hubo dudas, pese a que la Academia se definió por él. Osterling señalaba como un déficit que el guatemalteco estaba “limitado a la temática revolucionaria”. El juicio grave del especialista fue una constante. El año anterior, el académico había rechazado a Samuel Beckett por su “tendencia nihilista y pesimista sin fondo”. Dos años después, el dramaturgo fue reconocido por los suecos.
Jorge Luis Borges siempre figuró en las listas de candidatos, pero nunca le otorgaron ese honor. Las sospechas acerca de la negativa apuntaba a razones políticas antes que propias del arte. Una de estas se remonta a 1976 cuando, en plena dictadura chilena de Augusto Pinochet, Borges fue invitado por el régimen totalitario.
Otro rumor que lo alejó del galardón internacional habría sido la crítica que dirigió a la obra del poeta sueco Artur Lundkvist, quien después fue designado como secretario permanente de la Academia. El propio Lundkvist, especialista en literatura latinoamericana y artífice de haber ingresado la obra de Borges en su país, confirmó esa versión: “La sociedad sueca no puede premiar a alguien con esos antecedentes (por la visita a Pinochet)”.
María Kodama, viuda del escritor, declaró en 2016 que “todo el mundo sabe que fue una cuestión política”. En ese reportaje, precisó que “él no fue invitado por Pinochet, sino por la Universidad de Chile”, institución que le otorgó un doctorado honoris causa. El dictador, por protocolo, fue quien le entregó personalmente el diploma.












