Posadas| fiesta tradicional

"Verónica Huesca * CP. Las posadas se celebran desde la época de la conquista, justo nueve días antes de la Navidad; es decir, a partir del 16 de diciembre y hasta el 24, y en ellas se representa simbólicamente el peregrinar de José y María a su salida de Nazaret, culminando en la Nochebuena con el nacimiento del Nino Jesús.

Amenizadas con letanías que se vuelven cánticos, las posadas reaniman el espíritu religioso de los participantes.

Dichas fiestas de fin de ano tienen su origen más allá de la época colonial, cuando los indígenas llevaban a cabo festejos durante el invierno, también llamado ""panquetzaliztli"", por el advenimiento de Huitzilopochtli, dios de la guerra. En un esfuerzo de evangelización, los religiosos agustinos decidieron sustituir la imagen de Huitzilopochtli por la de José y María.

Así, desapareció parte del culto a su dios. Los agustinos mantuvieron la celebración, aunque con algunas variantes, adaptándolas de acuerdo a la tradición cristiana.

En los inicios, a estos festejos se les llamó ""fiestas de aguinaldo"" y consistían en pasajes y escenas alusivas a la Navidad. Como atractivo se daban pequenos regalos a todos aquellos indígenas que participaban; además, se incluían pinatas, luces de bengala, cohetes y cantos populares.

La inteligencia de los evangelizadores al utilizar los medios indígenas para solemnizar los actos religiosos como las flores, las ofrendas, la música y las danzas, hizo posible que se aceptara fácilmente la nueva religión, presentándose con ritos que eran familiares a los recién convertidos. Los indígenas adornaban las iglesias con flores y hierbas, esparcían juncia en el piso, hacían su entrada bailando y cantando y cada uno llevaba un ramo de flores en la mano.

En los patios se encendían fogatas y en las azoteas se quemaban teas, al tiempo que hacían repicar las campanas en senal de fiesta.

Todavía en nuestros días, las posadas se celebran en las calles, adornadas con heno y faroles de varios colores.

Una verdadera posada debe consistir en pedir el resguardo a través de los cantos tradicionales, rezar el Rosario y romper la pinata. La cena, por otra parte, debe incluir el ponche de frutas, los tamales y demás antojitos de la región, acompanados de una sana convivencia.

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