A sus conocimientos matemáticos, incluido la concepción del número cero, se sumó su gran dominio de la astronomía, una combinación de saberes que les ayudó a tener un registro cronológico más preciso que el de otras culturas europeas y orientales de su tiempo.
El catedrático Miguel León Portilla (1926-2019), uno de los académicos más citados sobre historia antigua de México, explicaba que los mayas tenían una gran preocupación por “conocer los misterios del universo, precisando el significado y la medida de sus ciclos”. “Ninguna otra cultura de la antigüedad llegó a formular, como ellos, tal número de módulos y categorías calendáricas ni tantas relaciones matemáticas para enmarcar, con infatigable anhelo de exactitud, la realidad cíclica del tiempo desde los más variados puntos de vista”, escribió Portilla, quien fue investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en Los afanes cronológicos de los mayas.
El calendario les permitía registrar hechos importantes en su historia, como el nacimiento o muerte de un gobernante, o alguna batalla o capitulación de una ciudad; pero también les servía para determinar los ciclos agrícolas, las fases lunares, e incluso influía en sus creencias, como la energía de un día o una persona, según su cosmovisión del mundo.
La civilización maya surgió antes del 2000 a. C. en lo que hoy es el sureste de México, Guatemala, Belice y el oeste de Honduras y El Salvador. Si bien el antiguo imperio se derrumbó, hasta la actualidad sigue habiendo comunidades mayas en dichos países. “Mis antepasados, mis abuelos, se pasaron cientos de años estudiando el tiempo, porque necesitaban saber con precisión, con exactitud, cuándo era qué. Yo le digo a mis alumnos que el calendario maya fue tan exacto incluso hasta en segundos», explica el profesor Julio David Menchú, un docente y experto en el calendario maya en Guatemala.
En muchas comunidades mayas, principalmente de Guatemala y el sureste de México, el calendario sigue vivo hasta la actualidad, pues es parte de su cultura cotidiana y espiritualidad.
Una civilización avanzada
Para el catedrático de la UNAM era impresionante cómo los mayas tenían un estudio del paso del tiempo sumamente preciso gracias a sus grandes conocimientos matemáticos y astronómicos.
Comprendieron que tener un calendario de 365 días como el Haab’ se desajustaba cada cierto tiempo, así que crearon un sistema de sustracción de días en el periodo de 52 años equivalente a los días bisiestos que se implementaron en el calendario gregoriano recién en el siglo XVI.
Los antiguos mayas calcularon que un año trópico tenía una duración de 365.2420 días, mientras que el calendario gregoriano lo precisó en 365.2425 días, y la ciencia actual dice que son 365.2422. El maya, entonces, fue más preciso que el gregoriano. “Dueños de estos hallazgos, los mayas llegarían a desarrollar en toda su compleja precisión sus varios cómputos del tiempo. Entre éstos ocupan lugar especial los referentes al año solar, a la duración de lo que ahora llamamos revolución sinódica de Venus y a los periodos de lunación, juntamente con la elaboración de tablas que permitían predecir los eclipses“, apuntó León Portilla.
El ciclo de Venus, que les servía de base para marcar puntos de reinicio de ciclos y a las predicciones astronómicas, fue calculado en 584 días por los mayas, con un error de 0.08 días cada 481 años. También podían predecir 69 eclipses en periodos de 33 años.












