“Muchos fueron los curiosos, pero pocos los valientes”, es la frase con que da inicio la obra Misofonía: el retrato del silencio, que se presenta los viernes y sábados en La Casa con Alas.
La propuesta escénica de Alebrije Negro, una nueva compañía integrada por actores, director, iluminadores y dramaturgo, propone un espectáculo de terror que permite a los asistentes recorrer varios escenarios siguiendo la misma historia, logrando cercanía casi íntima entre actor y espectador.
Jorge Luna, director escénico, sostuvo que en esta obra retoma un poco el microteatro, algo que hizo en San Cristóbal con la obra Sirena del desierto, de la autoría de Damaris Disner, pero aquí agrega un poco de terror y suspenso.
Sostiene que los actores no están familiarizados con este tipo de teatro que rompe con la barrera del escenario, y por esta razón, antes del estreno, tuvieron algunas funciones con algo de público para ir fogueando a los actores.
Luna expone que con esta obra ha estado descubriendo otro tipo de audiencia, ya que han sido los mismos espectadores quienes han invitado a las demás personas a vivir está experiencia, por lo que cree que esta es una de las formas de empezar a llamar público para las artes escénicas.
Fueron muchos los ensayos para probar, definir y ensamblar desde la música hasta los efectos y las luces, para crear este espectáculo teatral cronometrado para mantener una sincronía total.
Por otro lado destaca que tienen ganas de llevar el montaje a otros municipios del estado de Chiapas y ahí aprovechar el estilo de las casas coloniales, que son más comunes en algunas regiones.
Afirma que es un espectáculo cien por ciento chiapaneco, por lo que pide a las personas que acudan a ver esta propuesta que cuenta con buenos actores y un buen equipo detrás de los escenarios.
La historia
Santana García, creador del texto de Misofonía: el retrato del silencio, comenta que el concepto surge de la intención de crear un espectáculo que aleje al público de la percepción de que el teatro es aburrido; por eso se maneja como un espectáculo sensorial en vivo y no como una obra de teatro.
Explica que si bien esta propuesta toma bases del teatro, rompe con la denominada cuarta pared y elimina la distancia entre el actor y espectador, trasladando al público al centro de la acción.
Complementa que en esta obra todo es colectivo, pues cada uno tiene sus funciones definidas pero todo surge en conjunto, por lo que no es algo que se haya pensado en un solo día.
Santana cree que el distanciamiento del público con respecto a las artes se debe a que en ocasiones el arte no evoluciona, se estanca, por lo que ellos apuestan a generar nuevas formar de presentar un espectáculo que atraiga a las masas.
El autor refiere también que este montaje nació de una plática entre amigos, y agrega que “la intención de Alebrije Negro es llegar a etapas superiores, con tramas más elaboradas todavía, con producciones más fuertes y que el público llegue a un grado de interacción con los actores”.
El espectáculo
La historia comienza cuando Lluvia (Andrea Majo) llega casa de Isaí (Andrés Puig), donde se encuentra también la madre de este último, llamada Aurora (Siboney), quien no soporta el ruido. Al final de la obra aparece en el lugar la mamá de Lluvia, quien va en busca de su hija pero hace un hallazgo tétrico.












