¿Para qué se estudia historia? ¿En verdad es una maestra de vida? ¿O es un tribunal donde podemos juzgar a nuestros antecesores? El historiador mexicano Enrique Florescano (1937-2023) responde a estas interrogantes en La función social de la historia, que Taurus lanza de manera póstuma.
Como un homenaje al doctor en Historia por la Universidad de París, un año después de su fallecimiento, el título plantea que esta disciplina es el oficio de la comprensión. “Dotar a un pueblo de un pasado común y fundar en ese origen remoto una identidad colectiva es quizá la más antigua y la más constante función social de la historia”, apunta el investigador.
“Su estudio es una indagación sobre el significado de la vida, individual y colectiva, de los seres humanos en el transcurso del tiempo”, agrega el autor de Los orígenes del poder en Mesoamérica. En esta “obra fundamental de la historiografía”, Florescano revisa las distintas funciones que ha desempeñado y desempeña la historia: su capacidad para tejer solidaridades y dotar de identidad a los grupos humanos; el conocimiento de lo extraño y lo remoto, que significa una disposición al asombro y una práctica de la tolerancia; la reconstrucción crítica del pasado, que impone la obligación de incluir las interpretaciones de los sectores marginados y oprimidos.
De igual forma, informó su editorial, este volumen da cuenta de cómo se ha ido construyendo el conocimiento histórico, desde la narrativa oral, el rito y el mito, hasta la memoria como imperativo moral y sus relaciones con la ficción.
De acuerdo con el historiador Rodrigo Martínez Baracs, este título “puede considerarse como el testamento intelectual de uno de los historiadores mexicanos más importantes de todos los tiempos”.











