Pese a ocupar un puesto “secundario” en la monarquía británica, al menos en comparación con sus primos William y Henry, la princesa Beatriz, es uno de los miembros más mediáticos y polémicos de la familia real, al igual que lo fue su madre antes que ella.
Sus constantes cambios de trabajo y sus lujosas vacaciones por el mundo han sido duramente criticadas por la prensa inglesa, al igual que su imagen y sus elecciones de vestuario, que muchos no parecen considerar a la altura de su posición y, sobre todo, de la elegancia natural de otras royals, como la duquesa de Cambridge.
Pese a que la tradición dicta que los Windsor no se pronuncien sobre asuntos tan delicados, Beatriz no tiene reparo en reconocer que el escrutinio mediático le pasó factura en su momento y ha modelado su personalidad.
“Mi experiencia ha sido crecer y llevar una vida muy pública, en un ambiente demasiado sobreexpuesto. Y lidiar y luchar desde con tu peso a tus elecciones en cuestiones de moda, desde la edad de 18 años”, reconoce la nieta de Isabel II en conversación con una revista de alto renombre, para justiciar el apoyo incondicional que ha ofrecido a distintas iniciativas contra el bullying.
Los comentarios despectivos sobre la princesa alcanzaron niveles inauditos de crueldad en 2011, cuando acudió a la boda de los duques de Cambridge con un llamativo tocado que recordaba a un pretzel y que la colocó en la lista de las peor vestidas.
“Cuando todo el mundo se dedica a decir que tienes un aspecto ridículo, tú tienes que tener sentido del humor”, explica acerca de cómo lidia con ese tipo de situaciones. “Lo importante es intentar encontrar algo positivo entre toda la negatividad, todo depende de cómo mires la situación”, afirma con convencimiento.












