El horror en Iguala sigue. Como si la noche del 26 de septiembre de 2014, en la que desaparecieron 43 normalistas y fallecieron seis personas, se hubiera perpetuado los últimos dos años por medio de abusos y torturas hacia nuevas víctimas, todo con tal de ocultar evidencia y fabricar una historia ficticia.
Así lo asegura la periodista mexicana Anabel Hernández en su más reciente libro La verdadera noche de Iguala (Grijalbo), en donde rechaza la versión oficial que se dio del caso —que responsabiliza del hecho a los alcaldes de Iguala y el grupo Guerreros Unidos— y asegura que lo que realmente pasó es que los estudiantes viajaban en un autobús cargado de droga de un capo de la región, quien pidió ayuda a la Policía Federal y el Ejército para recuperarla.
“Presuntamente llama por teléfono a los mandos del 27 batallón de Infantería y les ordena que vayan a recuperar su mercancía, que para eso estaban en su nómina. Les ponchan las llantas, y la versión que tengo es que cuando intentan recuperar la droga, que estaba en un compartimiento, los normalistas estaban ahí, ven lo que pasa y es donde se decide su desaparición”, señala Hernández, en lo que describe como la investigación más importante y complicada que ha hecho en sus 23 años de carrera, más que Los señores del narco.
La periodista indica que se dio cuenta que el Ejército y la Policía Federal habían estado activos la noche del 26 de septiembre de 2014: “El secreto de lo que pasó es el C4 (Centro de Comando, Control, Comunicación y Computo), el eje que coordinó todo el ataque, el lugar donde se destruyeron las principales pruebas, por ejemplo los videos que manipuló el gobierno porque eran los encargados de las cuatro cámaras de seguridad que estaban en Iguala, en puntos clave”.
Asimismo, expone: “Si me preguntas si el presidente Enrique Peña Nieto sabía esa noche lo que pasaba, seguramente no, pero cuando lo supo, en lugar de decidir de castigar a un grupo de militares y un grupo de policías federales, decidió encubrirlos y tapar los crímenes de esa noche, de esa forma el gobierno termina cometiendo crímenes aún más graves”.











