El estallido de una bomba. El inicio de una guerra. Niños que están entrando a la adolescencia y que de pronto, además de ese conflicto, tienen que vivir o morir en otro creado por adultos. Así se van entretejiendo los 16 relatos que integran El agua que mece el silencio, de la escritora mexicana Rose Mary Salum, ambientados en la guerra entre Líbano e Israel de 2006.
Salum, cuyos abuelos salieron de Líbano después de la Primera Guerra Mundial y se establecieron en México, explica que en un principio la idea era hacer un compilado de cuentos, “pero cuando el libro ya estaba casi terminado me di cuenta de que estaban bastante conectados. Los personajes que aparecen son los mismos a lo largo del volumen. Los relatos se conectan de tal forma que se volvió como una novela corta, así que se puede leer como ambas cosas: un libro de cuentos o una novela breve”.
El libro, publicado por Vaso Roto Ediciones, habla de dos momentos particularmente violentos: por una parte la guerra, pero por otro ese paso de la niñez a la adolescencia: “La mayoría de los personajes que aparecen ahí son adolescentes o preadolescentes, son niños que están saliendo de manera muy inocente al mundo sin ninguna contaminación respecto de la narrativa de poder de los medios de comunicación o de las estructuras sociales. Salen al mundo con esa libertad con la que aparentemente crecieron, pero se enfrentan con un mundo sumamente violento, conflictivo, lleno de prejuicios, con muchísimos tabúes instalados en la cultura, y eso provoca un choque entre esa visión del niño mucho más pura, por decirlo de alguna forma, y ese mundo que ya está muy conflictuado y determinado con esa narrativa íntimamente relacionada con el poder”.
Aun cuando está ambientado en un país lejano, El agua que mece el silencio hace pensar en estos niños casi adolescentes que mueren en algún conflicto, por una bomba o una pistola, y que sólo se cuentan como números.
Cifras que pocas veces separan a los niños de los adultos. Dice la escritora y editora de Literal Publishing y Literal, Latinamerican Voices: “Uno de los cuentos que era parte del libro y al final lo saqué, porque no embonaba perfectamente, era un noticiero donde estaba una persona dando las noticias, mencionando las pérdidas de la guerra, pero en lugar de decir hubo tantas pérdidas, o tantos muertos, decía: ‘murió fulanito de tal, le gustaba mucho comer helados y chocolate’.
Era una vuelta a la humanización de lo que significa la guerra y lo que son las pérdidas y lo que es perder un niño, porque además, en esta guerra de 2006, 30 o 40 por ciento de los muertos fueron niños”.












