Que el grabado no muera: Ramiro Jiménez Pozo

"Sara Regalado * CP. Ramiro Jiménez Pozo, hombre comprometido con el arte y con su tierra; un personaje que aunque brilló en otras latitudes no dejó su tierra, hasta hoy, cuando ha partido a otras lejanías. Este domingo, Chiapas se encontró con la insuperable noticia de que Ramiro Jiménez Pozo había fallecido.

Pero su obra queda, su legado sobrevive y también el entusiasmo contagiado a las nuevas generaciones para que, lejos de abandonar el grabado, disciplina en la que el artista se volvió maestro, sigan redescubriéndolo, inventándolo, disfrutándolo.

Fue justo hace un año, en el marco de la exposición ""El grabado en Chiapas, Imágenes y representaciones"", cuando este diario platicó con Ramiro Jiménez Pozo sobre sus inquietudes, sus impresiones acerca del grabado y el quehacer permanente para la proyección de la estampa chiapaneca. ""Que el grabado no muera, que el grabado no muera; ésa ha sido mi canción"", expresó en aquella ocasión el Premio Chiapas en Artes 1994.

Autor de grabados tan representativos como ""El torito"", ""El Carnaval Chamula"" y ""La salineras de Ixtapa"", Jiménez Pozo perteneció al reducido pero talentoso grupo de grabadores que se formaron en la Escuela de Artes de Chiapas, creada por Jorge Olvera. Entre sus memorias, el artista atesoraba que en ese entonces trajeron a profesores de la Academia de San Carlos y de La Esmeralda.

""Franco Lázaro Gómez, para mí fue el primer grabador, porque inició con la escuela, en 1945. Yo entré a la escuela en el 49, el año en el que Franco Lázaro muere ahogado en el río Lacanjá, así es que yo lo traté muy poco, pero su obra yo la conozco toda y fue una fuerte inspiración para mí"", señaló.

Entre los grabadores con los que Jiménez se formó están Isauro Solís, Máximo Prado Pozo, Carlos Selvas Sansebastián y José Núñez Chanona. ""Me gusta que aún haya jóvenes con ese entusiasmo de seguir trabajando en el grabado, porque actualmente, en la Escuela de Artes Plásticas, casi todos se inclinan más por la pintura"", reflexionaba el chiapaneco. ""Incluso, cuando yo me inicié en la escuela, llegué a hacer algunos modelados en barro o pintaba, pero me gustó más el grabado y ahí seguí, porque el grabado, tiene su gracia, tiene su magia"".



Voluntad

Uno de los proyectos en los que Ramiro Jímenez Pozo nunca quitó el dedo del renglón fue la creación de una sala permanente de grabado chiapaneco, una tarea que a diario encomendaba a las autoridades y que no dejaba de proponer siempre que creía conveniente. ""Ya no un museo; una salita en donde se pudiera mostrar la obra de cada uno de los grabadores chiapanecos"", decía modestamente, a la vez que reconocía al grabado como el puntal de las artes plásticas contemporáneas de Chiapas, recurriendo a las palabras de su amigo el grabador Roberto Beltrán: ""Chiapas se dio a conocer en el mapa de las artes plásticas contemporáneas de México gracias a sus grabadores"".

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