Qué se festeja el 16 de septiembre

"Sara Regalado * CP. La madrugada del 16 de septiembre, pero de hace 200 años, caudillos comandados por los primeros héroes insurgentes comenzaron la lucha por la Independencia de México, un acontecimiento que se prolongó por varios años y a partir del cual se fue gestando el sistema político, económico, religioso, social y cultural del país.

Para entender la Guerra de Independencia de México, se puede dividir en cuatro etapas. La primera, de septiembre de 1810 a julio de 1811, fue encabezada por el cura Hidalgo y el capitán Ignacio Allende. Participan también Juan e Ignacio Aldama, Mariano Jiménez y Mariano Abasolo. Fue un movimiento desordenado que alcanzó algunas victorias debido al numeroso contingente que logró reunir Hidalgo en los primeros días del movimiento, pero que a la larga se convirtió en un problema por el saqueo y los excesos que cometieron las tropas insurgentes. En diciembre de 1810, Hidalgo expidió dos decretos fundamentales: el de la abolición de la esclavitud y el de la restitución de tierras. Esta etapa concluyó con el fusilamiento de Allende, Aldama y Jiménez, el 26 de junio de 1811, en Chihuahua, y un mes después, el 30 de julio, el de Hidalgo.

La segunda etapa, de 1811 a 1815, fue encabezada por José María Morelos y Pavón, en la región sur de la Nueva España. Junto a Morelos participan los hermanos Galeana, Pablo y Hermenegildo; los Bravo, Leonardo, Miguel y Nicolás; el cura Mariano Matamoros, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, entre otros. Más que el orden y disciplina que le imprimió al ejército insurgente, la etapa se caracteriza porque Morelos logra dar organización política al movimiento.

La tercera etapa, de 1816 a 1820, puede considerarse como un periodo de resistencia. Ni los insurgentes pudieron imponerse a los realistas, ni las tropas del rey lograron sofocar por completo el movimiento.

La cuarta y última etapa, en 1821, fue el periodo encabezado por Agustín de Iturbide que, a través del Plan de Iguala o de las Tres Garantías y de la firma de los Tratados de Córdoba, logró que buena parte de las tropas realistas se adhirieran a la causa de la libertad, y en septiembre lograran consumar la independencia.

Lo anterior, a grandes a grandes rasgos, es lo que se cuenta en los libros de historia de México, pero hay pequeños datos que, no por poco interesantes, pueden pasar desapercibidos, como que en junio de 1820 se clausuró definitivamente el Tribunal de la Santa Inquisición, o que después de la larga lucha armada, en agosto de 1823, se constituyó el Archivo General de la Nación.

El periodo más sangriento de la Guerra de Independencia ocurrió de 1810 a 1815. De 1816 a 1821, de acuerdo con el virrey Apodaca, murieron 10 mil insurgentes. Los once años de guerra provocaron aproximadamente 500 mil víctimas, aunque no todas murieron por causas de la violencia armada; en 1813 hubo una epidemia de tifo que dejó miles de víctimas.



Sobre excomunión

de Hidalgo

El 24 de septiembre de 1810, Manuel Abad y Queipo, obispo electo de Michoacán, promulgó un edicto de excomunión para el cura Miguel Hidalgo. Irónicamente, entre los argumentos utilizados por Abad y Queipo no se encontraba el tomar las armas siendo sacerdote o encabezar el movimiento rebelde; tampoco el ""seducir"" a la gente para unirse a la causa insurgente, ni mucho menos el saqueo o las matanzas que había permitido.

Abad y Queipo no podía excomulgar a Hidalgo por haber iniciado la Guerra de Independencia, debido a que reconocía como causa justa ""el derecho a oponerse al tirano"", doctrina sostenida por los propios teólogos españoles del siglo XVI.

Para el obispo era necesario excomulgar a Hidalgo a como diera lugar, no por una cuestión teológica, sino para evitar que más gente se sumara al movimiento insurgente. La excomunión tenía como fin último provocar miedo en la población y hacer dudar a los insurgentes de seguir a un hereje.

Bajo esta lógica, Abad y Queipo excomulgó a Hidalgo ""por haber atentado contra la persona y libertad del sacristán de Dolores, del cura de Chamacuero y de varios religiosos del convento del Carmen de Celaya"". Hidalgo fue repudiado simplemente por atentar contra la inmunidad eclesiástica, por haberse atrevido a tocar a otros sacerdotes, aun cuando ni siquiera hubo maltrato.

Sin embargo, la excomunión de Hidalgo no fue legítima. De acuerdo con el derecho canónico, la facultad de excomulgar está reservada solamente a los obispos consagrados; Abad y Queipo era obispo electo, por lo que no podía hacerlo. Existía la polémica de si el cura Hidalgo murió dentro de la Iglesia Católica, pero ahora se sabe que poco antes de ser fusilado, el 30 de julio de 1811, y luego de su degradación sacerdotal, Hidalgo recibió la confesión, la absolución y la comunión para morir en paz.

En 1985, al celebrarse el 175 aniversario del inicio de la independencia, Ernesto Corripio Ahumada, arzobispo de México, declaró que la excomunión en contra de Hidalgo nunca había tenido validez e hizo un reconocimiento a los primeros caudillos insurgentes.

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