“Hay que quitarle a la cultura su mala cara, de vieja ácida y aburrida”, dice a Excélsior el cineasta y diputado Carlos Francisco Ortiz Tejeda, recién nombrado presidente de la Comisión de Cultura y Cinematografía de la LXV Legislatura.

De 83 años, Ortiz adelanta algunas de las propuestas que intentará llevar al pleno. Por ejemplo, impulsar el cine mexicano, crear un circuito cultural dentro del Congreso para sensibilizar a los legisladores, organizar un concurso de guiones de cine y crear un nuevo proyecto que dé a conocer México en televisión.

También aludió a las críticas sobre el trabajo que desarrolló en el área ideológica del PRI entre 1980 y 2011. “Si es por trayectoria, aquí está mi trabajo”, dice mientras sostiene las páginas con sus trabajos, como el documental Contra la razón y por la fuerza, el premio en el Festival Cinematográfico de Oberhausen, dos premios Ariel y la Medalla de la Paloma de Oro de la Paz. Y si la crítica es por mi ideología, mira”, dice mientras sostiene la credencial que avala su militancia política en Morena.

¿Buscará ampliar el presupuesto al sector cultura?, se le pregunta. “El presupuesto 2022 ya está. Evidentemente, el presupuesto es el arroyo mayor, pero no quisiera que se agotara (el tema) en ese punto. Sí hay que conseguir el aumento progresivo del dinero público, pero creo que hay muchas cosas que se pueden plantear en intercambios y promociones. Más allá del dinero que se le da al Imcine, hay que pelear por espacios en los cines para las buenas películas mexicanas, comenta.

Además, “en el caso de los grupos de teatro hay mucho entusiasmo y lo que hay que hacer es abrir (los foros). En mi época los teatros abrían todos los días y ahora sólo viernes, sábado y domingo. Habría que ir creando oportunidades, hablar con los sindicatos, aprovechar circunstancias y no sólo esperar el presupuesto”, explica.

¿Qué iniciativas impulsará? “De entrada, reconozco que el nombre de la Comisión no es correcto. Deberían ser dos, pero soy el menos interesado en moverle ahí. Nuestra función constitucional es legislar. Entonces, mi primer asunto prioritario es conocer bien el régimen legal de los medios en México”, agrega.

Aquí hace una pausa y recuerda que hace décadas concursó y ganó la cátedra de Régimen Legal de los Medios de Comunicación en México, en la UNAM. “Aquí se abre para mí una oportunidad. Somos 500 diputados, la mayoría de las entidades, y me puedo arriesgar a decir que un 70 por ciento no conoce el Museo Nacional de Antropología, que nunca han asistido a una quincena de realizadores o a manifestaciones artísticas”, añade.

También señala que le asombra “el número de teatros que hay en la CDMX. Ahorita está jodido por la pandemia, pero a mí me gustaría hacer una serie de actividades culturales. Por ejemplo, organizar un concurso de guiones cinematográficos y que fuera posible que se financiara una gran película… ¡Vamos a abrir el apetito de los diputados, de que la cultura es a toda madre! Pero tengo miedo de que si organizo una exposición de Francisco Toledo en los corredores de la Cámara o una charla con Villoro todo esté solo, pero hay que verlo con los coordinadores de las bancadas”.

¿Qué opina de la Ley General de Cultura?, se le cuestiona. “Quiero encargar a una persona, que colaborará conmigo, que haga un prontuario de la legislación”, para revisar su estado “e invitar a que la gente opine al respecto”, responde.

El filme que lo llevó a la cumbre

Uno de los documentales más conocidos y premiados de Carlos Ortiz es Contra la razón y por la fuerza, filmado en Chile tras el golpe militar de Augusto Pinochet. Su realización es relatada por el cineasta, como si se tratara de una película de acción.  Recuerda, por ejemplo, cuando la esposa del expresidente Luis Echeverría le llamó por teléfono para contarle del hecho.

De inmediato fue a Imevisión para solicitarle a don Luis de Llano una cámara para filmar lo que ocurría en Chile luego del asesinato de Salvador Allende. En aquella aventura lo acompañó el camarógrafo Alexis Grivas y para entrar al país sudamericano se hizo pasar como miembro de la Universidad Católica de México. En aquel viaje casi fue aprehendido, pidió entrevista con Pinochet y fue a casa del recién fallecido Pablo Neruda.

“Llegué cuando lo estaban amortajando, pero los militares habían quemado la casa, así que había agua y aquí tengo unas fotos que saqué de su casa. Había cuadros en el suelo y cuando los levantamos, vimos que uno era del general (Lázaro) Cárdenas y otro de Benito Juárez”, relata.