"Fabián Rivera * CP. Son 17 años los que se han cumplido en ausencia de Joaquín Vásquez Aguilar. Y aunque la fecha exacta de su muerte es incierta, se dice que partió como todo poeta debe hacerlo: envuelto en la leyenda. Su muerte, ocurrida en enero de 1994, dejó en la orfandad a muchos de sus lectores.
Al respecto, el poeta y crítico literario Gustavo Ruiz Pascacio, en ""Los fantasmas de la carne"" (Unicach, 2000), comenta: ""Joaquín Vásquez Aguilar (Cabeza de Toro, municipio de Tonalá, 1947-Tuxtla Gutiérrez, 1994) falleció unos días después del estallido zapatista en Chiapas; partió de igual manera como vivió, casi inadvertidamente, rabiando contra el mundo de asfalto, soñando con ese estero de mar que llevaba dentro"".
Lo cierto es que la obra de Joaquín Vásquez Aguilar (""Quincho"", para los amigos) sigue causando entusiasmo entre las nuevas generaciones de lectores de poesía.
En este sentido, sendos estudios y recopilaciones se han realizado para reunir en un mismo volumen la totalidad de su obra: ""En el pico de la garza más blanca"" (Coneculta-Chiapas/Unach, 2010), edición crítica a cargo de José Martínez Torres, Antonio Durán Ruiz y Yadira Rojas León, y ""Poesía reunida"" (Unicach, 2010), a cargo de Luis Arturo Guichard.
Ambos proyectos son loables por el rigor con el que fueron ejecutados, y este mismo rigor debería aplicarse con la obra no sólo de poetas, sino de la literatura chiapaneca en general.
Sin embargo, al igual que con muchos autores, son trabajos poco difundidos, pero eso sí, celebrados por unos cuantos círculos de estudiosos, lectores amigos y entusiastas que no dejan de admirar al gran poeta ""capusbuvense"".
Habría que llevar a ""Quincho"" al público lector. Que los ciudadanos que recorremos día a día las calles de esta ciudad en eterna construcción podamos encontrar un poco de luz en las palabras de Joaquín, llevadas a las paredes, a las banquetas, en todas partes, tal como sucedió con Jaime Sabines y Rosario Castellanos. Siempre para un escritor, el mejor de los homenajes será la lectura de su obra.
Para culminar esta breve esquela, se transcribe un fragmento de uno de sus poemas más reconocidos, ""A petición del mar"": ""Escribo/ como el que por primera vez se ve las manos/ y tiene sed/ y bebe golondrinas/ no dejo más huella/ que la de mis pies en la arena del mundo/ porque como nací pájaro/ crecí árbol/ y llegué camino/ sólo tuve la vecindad del viento/ su puerta/ su morral/ su tinaja de agosto"".
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