En la capital oaxaqueña existe una doble moral: por un lado se permite instalar obras en la vía pública y la apertura de bares en el Centro Histórico, mientras otras creaciones, como los murales, son prohibidas y perseguidas. Todo depende de si es redituable en términos económicos para las autoridades, afirma para La Jornada Rosario Martínez, integrante del colectivo de arte urbano La Piztola.
Refiere que uno de los pretextos esgrimidos por el ayuntamiento para borrar los murales realizados con la técnica de esténcil es que no van con la arquitectura y el tipo de ciudad que es Oaxaca.
Al respecto, la artista señala que “en contra esquina del templo de Santo
Domingo de Guzmán hay un bar, donde a las dos de la tarde se escucha música súper alta, pero eso sí va con Oaxaca, ¿no? Existe doble discurso: por un lado censuran obras que cuentan historias de la ciudad y, por otro, permiten abrir bares o emplazar obras”.
Varias veces, indica Rosario Martínez, La Piztola ha pedido regular esa actividad y la urbanidad, pues el municipio ha instalado semáforos de leds en el centro histórico que salen de lo tradicional, sin que haya problema.
Recuerda que el mural de La Piztola expuesto en el museo Bélber Jiménez de una niña que sostiene un corazón entre las manos fue retirado el pasado 23 de octubre con el pretexto de que los colores eran estridentes y no iban con los del centro histórico. Sin embargo, antes esa pieza fue utilizada en espots propagandísticos de la capital para atraer turismo.
En la actualidad el colectivo exhibe obras en la capital británica y en Coachella, California. “Es triste –dice Martínez– ver que este arte sea más valorado en el extranjero y no en su ciudad natal, además de que hay muchos artistas que utilizan la técnica del esténcil; uno de sus máximos exponentes es Banksy, cuyas obras son protegidas por gobiernos, debido a su valor artístico y cultural”.












