Ramón Vargas, decepcionado de su época en el OBA

El tenor Mexicano Ramón Vargas. Cortesía
El tenor Mexicano Ramón Vargas. Cortesía

A tres meses de su renuncia como titular de la Ópera de Bellas Artes en México, el tenor Ramón Vargas rompe el silencio y conversa sobre su proyecto inconcluso y la decepción que le provocó no cumplir con las expectativas.

Ahora prepara su siguiente actuación en la Ópera Estatal de Viena, en el montaje de Manon, para febrero. Mientras tanto, vía telefónica, asegura que no volverá a la Ópera de Bellas Artes (OBA) en mucho tiempo, por lo que no es un hecho que se convierta en asesor de la ópera, como lo anunció el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

De paso lamenta que el presupuesto sea incierto, aventura una opinión sobre el futuro operístico de México y revela los resultados de la primera audición nacional de cantantes líricos que desde 2013 el INBA no ha informado. “Creo que algunas cosas se lograron (durante mi gestión), otras se quedaron en el tintero y otras más quedaron como proyectos. Los tiempos son así, hay que adaptarse y aceptar las circunstancias”, acepta.

“Hasta ahora no he hablado con nadie sobre esto. Pero la situación en México se puso complicada… con el tema del recorte presupuestal, pero los proyectos operísticos no sólo necesitan imaginación y buenas ideas. Ojalá con la creación de la Secretaría de Cultura las cosas fluyan mejor. El problema fue la falta de certeza en el presupuesto”, agregó.

¿Derivó en fracaso el proyecto de llevar ópera a los estados? “Mire, todos los proyectos que me propuse se realizaron, aunque haya sido de manera parcial. Logramos 27 funciones fuera del Palacio de Bellas Artes. Sí, hubiera querido que fueran cien, pero cuando se recorta (el dinero) los proyectos sufren”.

¿Fue demasiado ambicioso? “Mi presencia creó altas expectativas en el público y las que yo mismo me puse. Pero cuando no se cumplen las expectativas hay una cierta… decepción y desilusión de parte de la gente y de parte mía. Entonces dices: Bueno, mejor que se hagan las cosas de otra manera sin que afecte al presupuesto”.

¿Abandonó el barco? “Ya no me necesitaban, mi presencia no era indispensable. Finalmente el proyecto se redujo y mi presencia no tenía importancia. Fue una decisión salomónica, pero no fácil. Es un proyecto que quise y al que le di mucho tiempo, un proyecto que quise lograr… pero no me voy frustrado, me voy un poquito con el sabor amargo”, expresa.