Recorrido por el Tuxtla de antaño

"Sara Regalado * CP. Un viaje al Tuxtla remoto, al Tuxtla virgen e inocente, en donde todos se conocían; al Tuxtla de olor a barro y humedad, lejano al asfalto y las grandes avenidas, es lo que ofrece el libro ""Tuxtla y sus barrios. Historia, crónicas y vida cotidiana"", en su tercera edición, lograda por la Asociación de Cronistas del Estado de Chiapas. Esta obra ofrece a las nuevas generaciones la oportunidad de que conozcan no sólo la historia de cada barrio desde su fundación, sino de los personajes que los han habitado, las actividades cotidianas que se realizaban, los lugares más memorables, ""el nombre del carnicero o la refresquera"", como expresó José Luis castro Aguilar, uno de los presentadores de esta nueva edición y quien participa en este compendio con la crónica del Barrio Niño de Atocha.



Orígenes de esta obra

Socorro Trejo Sirvent, cuando fue directora de Difusión Cultural de Tuxtla Gutiérrez, fue quien solicitó que se realizara un libro diferente sobre la historia de este municipio, desde la perspectiva de cada cronista, donde se pudieran rescatar las fotografías, las vivencias sociales y familiares y los personajes. Así, acudieron a su llamado el propio Castro Aguilar, Rutila Mejía Gutiérrez, con la crónica del Barrio de San Jacinto; Fernán Pavía Farrera, quien cuenta la historia de San Pascualito, y Rubén López Cárcamo, quien plasma la vida del Barrio de Guadalupe.

Del Barrio del Cerrito habla Eliseo Mellanes Castellanos; la crónica de Barrio Nuevo la realiza Jorge Alejandro Sánchez Flores; las vivencias del Barrio de San Roque las rememora Enoch Cancino Casahonda; sobre el Barrio de la Pimienta escribe Marco Antonio Orozco Zuarth; Gloria Pinto Mena habla sobre el Barrio de Santo Domingo, y Manuel Martínez Vázquez, acerca del Barrio del Calvario.

José Luis Castro aceptó que este ejercicio fue una mirada a su infancia: ""Me hizo remontar a la edad de diez años, cuando aún nos podíamos bañar en los arroyos de San Roque y el Potinaspak. A mí ya no me tocó el Río Sabinal, porque a ese río, cuado se construyó el Hotel Bonampak y el Barrio Moctezuma, comenzaron a arrojar sus aguas negras, y entonces ya no era propicio para bañarse.

Pero íbamos a la orilla de los arroyos a pescar, a nadar, cruzábamos el cauce con lianas. Íbamos con mamá al mercado '20 de Noviembre' o al 'Pascacio Gamboa', porque nos compraban arroz con leche, leche quemada, caballito, turulete, oblea, raspado de crema con plátano o una orden de taquitos dorados. Era una forma sana de disfrutar la vida, ahí nos dejaban sentaditos en la banqueta de 'Tío Cheo' o en la banqueta del Calvario mientras se iban a comprar el mandado"".

Tomando en cuenta que un barrio, como explica el propio historiador, es una comunidad con una característica distintiva que la diferencia de otros grupos, el mismo Castro Aguilar aseguró que incluso esta noción se ha perdido. ""En el caso de Tuxtla Gutiérrez, por ejemplo, sus primeros cuatro barrios eran de origen zoque y se diferenciaban por familias: los Jonapá, los Maqué, los Potomeyá, los Tangamapé. Ahora, como las familias ya se revolvieron, la única característica distintiva son los niveles socioeconómicos; entonces ya no son ni colonias, ya son fraccionamientos"", explica.

El libro ""Tuxtla y sus barrios. Historia, crónicas y vida cotidiana"" ofrece un recorrido fascinante, con texto y muchas ilustraciones sobre las familias, personajes y lugares emblemáticos del Tuxtla de ayer.

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