Pedro Armendáriz fue uno de los mejores actores en la historia del cine en México, fue un referente de excelencia actoral en la Época de Oro, la noticia de que se había quitado la vida a los 51 años en un hospital de Los Ángeles, California, conmocionó a Hollywood y a México, pero el actor se despidió de su familia poco antes de morir.
No había otro como Armendáriz, sus ojos verde olivo y su bigote poblado fueron la combinación perfecta en la pantalla grande junto a rostros hermosos de divas como Dolores del Río, María Félix y María Elena Marqués; antes de ser actor se graduó como ingeniero aeronáutico en California y fue guía de turistas en el icónico Hotel Regis ubicado en la Alameda Central.
Como galán del cine mexicano protagonizó cintas de su amigo “El Indio” Fernández como Flor Silvestre, María Candelaria, Enamorada, La perla y Maclovia; en Estados Unidos trabajó con figuras como John Ford y John Wayne.
Sus manos grandes y fuertes abrazaron a varias actrices, entre ellas a la elegante Andrea Palma en Distinto amanecer, cinta en la que personificó a un líder sindical que se reencuentra con un examor en una Ciudad de México que ya no existe.
Quienes lo conocieron dicen que era culto, generoso y un excelente intérprete de personajes nacionales, trabajó en más de 120 películas en las que su fuerte personalidad no pasó desapercibida.
A la sonrisa franca de Armendáriz se le sumaba su caballerosidad y esos ojos que enamoraron a muchas.
Enfermedad
En 1958 le detectaron cáncer a Pedro Armendáriz; posiblemente fue consecuencia de una exposición a desechos nucleares mientras filmaba The Conqueror junto a John Wayne en 1956.
Se sometió a tratamientos, pero en 1963 le dijeron que no le quedaba más de un año de vida, por lo que viajó a México para despedirse de sus dos hijos, Pedro y Carmen, fruto de su matrimonio con Carmelita Bohr.
Lo hizo sin ser explícito, lo hizo con su mirada, así lo contó Pedro Armendáriz Jr. en el programa Historias engarzadas. “Cuando él sintió que la cosa estaba complicada, vino aquí a México a despedirse de nosotros implícitamente, con la mirada, como lo hacía, y ya, se fue”, recordó.
Armendáriz Jr. asegura que la decisión de su padre de quitarse la vida no fue criticada ni cuestionada por ellos, sus hijos, aunque sí fue muy doloroso. “Fue un golpe duro, fue un tipo con una vida muy sólida, con una vida muy abierta, con una vida muy suya y cuando tomó la decisión de suicidarse la respetamos todos porque cada quién hace de su vida un papalote”, afirma.
El día de la tragedia
Desde que ingresó al hospital, el actor, quien era un aficionado y coleccionista de las armas de fuego, llevaba escondida entre sus cosas la pistola con la que se quitó la vida; decidió hacerlo cuando su esposa lo dejó solo un momento para salir a almorzar.
A las 11:30 de la mañana del 18 de junio de 1963, Armendáriz jaló el gatillo sin que nadie se diera cuenta. Dos días después llegaron sus restos desde Los Ángeles hasta la Ciudad de México, donde lo esperaban cientos de fans que se negaban a creer que el gran Pedro Armendáriz había muerto.












