Tuvieron que pasar más de 80 años para que después de una ardua investigación y la suma de todos los esfuerzos se pudiera ejecutar en suelo zoque una de las danzas de esta cultura y la cual es dedicada a San Miguel Arcángel.
El atrio de la iglesia El Cerrito, al poniente sur de esta ciudad capital, fue el lugar de este hecho histórico para los tuxtlecos. Cerca de las 6 de la tarde del jueves, José Ramón Álvarez, los músicos don Pedro, don Manuel, don Rosel y el maestro pitero Pedrito, así como los bailarines Luis, Alonso, Paco, Rafita y Diego, presentaron esta danza zoque.
José Ramón Álvarez, integrante de la Mayordomía Zoque de la Virgen del Rosario y catedrático de una escuela de nivel universitario, comentó que desde hace tiempo tuvo la inquietud de montar esta pieza, la cual pertenece al ciclo de danzas zoques que existen en Tuxtla y que en total son siete.
“Coincidimos con don Pedro, porque tío Ramón dejó la música para presentar esta danza, por lo que desde hace mucho tiempo muchas personas comenzamos a investigar, a visitar a personas que vieron la danza, a consultar a escritores como Dorothy Cordy y Carlos Navarrete, que dejaron testimonios de esta danza, que es parte del ‘teatro evangelizador’ con el que los frailes dominicos evangelizaron al pueblo”, dijo Ramón.
Relata el integrante que, cuando pasaban a danzar en las casas, en cierta ocasión pudieron platicar con José María Pechá (quien falleció en febrero). “Él nos decía que la ropa que se usa para bailar a San Roque era igual con la que se bailaba a San Miguel. Su padre fue prioste de San Roquito y llegaba él a prender las velas en la iglesia de San Roque, y que en esa capilla estaba la imagen de San Miguel”, relata .
“En 1934 don Victórico Grajales, que era el gobernador del estado, en ese entonces apoyado por Tomás Garrido, que era caudillo allá en Tabasco, emprendieron la batalla anticlerical. En ese año se ordenó la destrucción de las imágenes religiosas y entre las primeras imágenes fueron destruidas las del señor San Roquito y San Miguel Arcángel, y entonces decía el maestro Pechá que como no había santo, ya no había danza”, agrega.
De igual forma, señala qué el doctor Fábregas Puig transcribió el libro de Donald B. y Dorothy M. Cordry llamado Trajes y tejidos de los indios zoques de Chiapas, México. “En este se documentaba la danza; decía en el texto cuántos bailaban, qué era lo que pasaba en la danza, pero no afirmaba si se bailó en el año de 1940”, destaca, y por ello se deduce que desde entonces ya no se bailaba.
“Nosotros retomamos lo que había y algunos elementos que no sabíamos los fuimos construyendo a través de la información que fue apareciendo. La música nos fue dando pautas, porque en la música aparecen el son de San Roque, el son de de la Virgen de Candelaria, el de la Virgen del Rosario, el del Carnaval y el de la Santa Cruz. Entonces nos dijimos que no podemos alterar algo que ya hay un concepto de la música y la danza de Tuxtla, entonces nuestros pasos están basados en algunas otras danzas”, explica.
La danza está bailada en siete sones, indica. En el desarrollo se va narrando cómo aparecen los arcángeles, luego los diablos, y luego se forman dos filas: una de los arcángeles y otras de los diablos, que remedan los pasos de baile de los arcángeles. Luego se simula una pelea en la cual pierde San Miguel, que es capturado por Luzbel (diablo principal).
Después, los otros ángeles, que al parecer son San Rafael y San Gabriel, luchan por liberar a San Miguel hasta que lo logran. Nuevamente vuelven a pelear y esta vez vencen los arcángeles y mandan a Luzbel a arder, por lo que amarran una carrillera de “triquis” en los pies.












