El arquitecto Luis Barragán (1902-1988) es conocido mundialmente por su manejo del color, por crear el plan de urbanización del fraccionamiento Jardines del Pedregal de San Ángel y por ser coautor de las Torres de Satélite. Sin embargo, antes de adquirir dicha fama, tuvo una etapa funcionalista en la que, recién llegado de su natal Guadalajara en 1936, diseñó varias construcciones habitacionales en diversas zonas de la Ciudad de México.
Una de estas fue para los hermanos Froylán y Arturo Figueroa Uriza en las calles de James Sullivan y Miguel Schultz, en la colonia San Rafael. Ahora, su vecino de cuadra, el Museo Experimental El Luis Barragán, ha recuperado la historia de estas viviendas diseñadas en 1940 en la exposición “Conjunto Figueroa: memoria emocional”, entre cuyos documentos, planos de época y fotografías destaca el contrato original firmado por Barragán.
Muestra
“Le pusimos conjunto porque consiste en un edificio de seis departamentos (Miguel Schultz 146) y dos casas (Sullivan 55 y 57), todos con locales para comercios en la planta baja. Sigue siendo de las familias de Froylán y Arturo; incluso, una bisnieta habita allí. La muestra que ya finalizó su exhibición nos permite hablar, por un lado, de Barragán, su historia y este periodo poco conocido en su arquitectura, y, por el otro, pensar en El Eco —creado en 1953 como una escultura penetrable—, su entorno inmediato, sus vecinos con quienes compartimos la calle, la banqueta, la colonia y muchas cosas más”, señala Pablo Landa, director del museo.
De esta etapa funcionalista en la arquitectura de Barragán, que abarca desde 1936 hasta que construye su propia casa en 1947, “hemos identificado al menos 20 casas y edificios ubicados en las colonias Condesa, Hipódromo, Cuauhtémoc y este en la San Rafael. Son similares en que son edificios de departamentos, casi todos, con comercios en la planta baja, que funcionan muy bien. Aunque anteceden su época más conocida, hay elementos que ya la anuncian y, además, hablan de un arquitecto con una visión también de ciudad y la relación entre arquitectura y desarrollo inmobiliario”, apunta.
Estos elementos serían el “manejo de la luz”, ya que “tienen grandes ventanales y pasillos. Digamos que hay casi como capas de claridad. La luz entra, por ejemplo, por un patio, después se filtra por un cubo de escaleras y por un pasillo de acceso que llega ya a la sala, como estas cámaras en las que se hacen como gradientes de luz”.
Luego, muchos edificios de esa época están enfrente de parques. El Conjunto Figueroa tiene vista al Jardín del Arte. “Si bien eran edificios compactos en zonas urbanas muy densas, buscaba terrenos que estuvieron enfrente de parques para relacionarlos con estas áreas verdes y enmarcar las vistas con las ventanas. Estos elementos hablan ya del Barragán paisajista que emprende el proyecto del Pedregal a mediados de los años 40”, precisa el antropólogo, quien se especializa en arquitectura, archivos y procesos participativos.












