Reeditan Veinte mil leguas de viaje submarino

Explorador, desde la literatura, del espacio sideral, los cielos, los paisajes polares y volcánicos, las entrañas de la Tierra y los continentes, el escritor, poeta y dramaturgo francés Julio Verne (1828-1905) no podía dejar de lado en sus aventuras imaginarias al mar, una de las grandes pasiones de su vida.

El océano, su naturaleza cambiante, la libertad que otorga su constante movimiento, el tumbo de las olas y los enigmáticos animales que viven en él inspiraron Veinte mil leguas de viaje submarino, lanzada por primera vez en formato de libro en 1870.

En el marco de los 150 años de su primera publicación, editorial Anaya entrega una nueva edición de este clásico de Verne, a cargo de Miguel Ángel Navarrete —un conocedor de la obra del precursor de la ciencia ficción—, quien también realizó la traducción, el prólogo y las notas, con ilustraciones de Dani Padrón.

Se trata de un ejemplar de pasta dura e ilustrado a cuatro tintas, explican los editores, traducido del idioma original, el francés, “lo que garantiza apego estricto a las primeras versiones”. El volumen incluye una tabla de medidas usadas en la historia.

Navarrete explica en el prólogo “Cuando Verne puso voz al mar” que de Veinte mil leguas de viaje submarino salieron a la luz tres ediciones principales entre marzo de 1869 y noviembre de 1871: la primera, por entregas quincenales a lo largo de 15 meses, en la revista Magasin d’éducation et de récréation, con ilustraciones de Édouard Riou y Alphonse de Neuville, artistas que solían trabajar para Pierre-Jules Hetzel, el editor de Verne; la segunda, en dos tomos de pequeño formato y con menor número de ilustraciones; y la tercera, en gran formato, con todas las ilustraciones.

Este título del también pionero de la novela de aventuras moderna narra la travesía en 1866 del capitán Nemo y su tripulación a bordo del legendario submarino Nautilus, diseñado por él. Los personajes recorren el mundo, descubren maravillas sumergidas hasta entonces desconocidas, enfrentan peligros y crean inventos que ninguna mente ha imaginado antes.

Navarrete señala que Verne declaró en sus Recuerdos de infancia y de juventud que “a los 12 años todavía no había visto el mar, ¡el mar de verdad!”, a pesar de que nació en la isleta de Feydeau, casi en la desembocadura del río Loira.