Francisco Zúñiga González es originario de Teopisca, Chiapas. Nació el 30 de mayo de 1987. Actualmente se desempeña como profesor. Para dudas o comentarios, pueden escribir a [email protected].
Esta es la segunda entrega de un ensayo escrito por él, que lleva por título “Reflexión sobre la educación virtual”.La educación a distancia formó una expectativa de respuesta ante la separación de la convivencia social, porque difunde la creencia de una posibilidad de autonomía en el alumno. Observemos que las intenciones de nuestros niños, niñas y jóvenes en esta pandemia es formar una autonomía virtual pero no comprometida en la escuela sino en sus interés personales. Maestros exigiendo resultados para sus trabajos; padres consternados por nivelar el aprendizaje de sus hijos e hijas.
Creo que el sistema educativo en este momento debe retroceder y replantear algo que Piaget establece como premisa del aprendizaje. Él afirma que las personas construyen su conocimiento mediante un sólido sistema de creencias, y solo a partir de su interacción con el mundo. Para que el individuo pueda aprender, debe encontrarse ante una circunstancia de autoconvecimiento; lo que está captando del mundo exterior le concede una interpretación de beneficio o perjuicio.
Los conceptos que permean a esta vertiente del conocimiento son principalmente: “aprendizaje mediante la acción”, “aprender haciendo” y “externalización de ideas y sentimientos”. El cansado sistema de educación basado en recordar información que tal vez nunca llegue a utilizar el alumno debe mostrar mayor interés en la exteriorización del conocimiento por parte del alumno mediante estructuras que esculpe con sus ideas; serán las obras que el docente contemple para valorar su aprendizaje, sin embargo, el papel que fungen los docentes todos los días se parece más bien al de jueces de la educación, una función de carácter meramente punitivo.
Necesitamos dejar que los alumnos experimenten cómo funcionan sus ideas plenamente, proporcionar el ambiente para que analicen la viabilidad de sus soluciones y reflexionar sobre sus errores y la optimización de sus aciertos. El objetivo de la educación es “desarrollar habilidades que el estudiante asimile, interiorice y se involucre en la construcción de conocimiento y en la transformación de su entorno”.
La creatividad es un reactor de conocimiento que no podemos comprimir o reducir. La falta de previsión de tiempo sobre las actividades que engloban la experimentación de ideas o el estricto currículo que presiona al docente a avanzar en demás temas son parte de este precario fomento de mejora de la habilidad reflexiva. La creatividad se compone de chispas de ingenio y sentimientos que al ser frenados o interrumpidos dejan caer una cortina de acero ante la motivación del estudiante que disfruta de la experiencia.
El comprometer al estudiante a diseñar su propio aprendizaje cumple con la idea de que sea partícipe directo de actividades que proporcionan una conceptualización de información. Esta conceptualización del mundo es única y converge con la infinidad de concepciones que los demás construyeron, lo cual genera varios puntos de vista que pueden o no ser compartidos, lo cual nos empuja a que el ambiente sea reflexivo, tolerante y respetuoso.
Aquellos escenarios de aprendizaje deben ser engendrados con valores como la confianza y seguridad para que el alumno puede abrirse a la interacción social. En casa puede ser una actividad que permite el enriquecimiento de la experiencia educativa, ya que la aproximación con los puntos de vista de otras personas nos puede servir de peldaño para construir nuevo conocimiento; no se preocupe si no es algo apegado a una materia o ciencia. “Un medio adecuado (ambiente educativo propicio a la creatividad) al desarrollo del educando debe ofrecer no solo estímulos sino también respuestas a sus acciones”.
Este enfoque conecta directamente con este apetito de aprendizaje autónomo. Sin embargo, la cultura se funda en un consumismo de información y moda en el que los alumnos se encuentran casados con la idea de lo inmediato, de lo divertido, de lo que me produce una sensación de agrado.












