Meses antes de llegar a su medio siglo, la sala Nezahualcóyotl —la joya arquitectónica y acústica del Centro Cultural Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)— se encuentra inmersa en su intervención más ambiciosa en los tres lustros recientes.
Desde el pasado primero de abril y hasta las semanas iniciales de septiembre, el recinto permanece cerrado al público para someterse a un “proyecto de rehabilitación integral” que, con una inversión cercana a 150 millones de pesos, busca no solo preservar su identidad sonora, la mejor del país, sino, sobre todo, “dignificar los espacios” para músicos, artistas y público.
Una manita de gato
En entrevista, el compositor José Julio Díaz Infante, titular de la Dirección de Música de la UNAM, subraya que estos trabajos se llevan a cabo en el contexto del cincuentenario de la sala, que se cumplirá el 30 de diciembre.
“Aprovechando esta oportunidad, se dio la coyuntura entre todas las instancias (de la UNAM) involucradas: el Patronato Universitario, las direcciones generales de Patrimonio Universitario y de Obras y Conservación, así como la Coordinación de Difusión Cultural y la Dirección General de Música, y pues hay que aprovecharla, porque a 50 años sí hace falta revisar ciertos espacios”, explica.
Desde entonces, señala Díaz Infante, solo se había efectuado “el mantenimiento que se da de manera regular”. Sin embargo, el paso del tiempo y las necesidades operativas —profundizadas por el crecimiento de agrupaciones como la Orquesta Filarmónica de la UNAM (Ofunam) y la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata (Ojuem)— hicieron indispensable una cirugía mayor, aunque respetuosa, de la esencia del inmueble.
El titular de Música de la UNAM es enfático en ese punto: los aspectos centrales de sala se mantendrán intactos. “Es muy importante recalcar que en este proceso de rehabilitación no se toca para nada la arquitectura original ni estructural, ni nada del espacio de la sala. Por supuesto, no se alteran en nada las características acústicas. Es muy importante recalcarlo, porque eso es lo que hace única a esta sala”, afirma.
Entrañas y espacios comunes
El proyecto de intervención previsto para estos seis meses abarca desde las entrañas mismas, “las tripas” del edificio, hasta los espacios que el público recorre cada fin de semana.
Entre las mejoras más significativas, Díaz Infante detalla que se actualizarán por completo las instalaciones eléctricas e hidrosanitarias. Para dar una idea de la magnitud de las obras, basta saber que se remplazarán alrededor de 20 kilómetros de cables.
Además, se renovará el piso del escenario y se modernizarán el montacargas y el sistema de aire acondicionado, esto último “para corregir las molestias” por temperaturas irregulares dentro del recinto.
La iluminación escénica, de tipo incandescente, será sustituida por tecnología led, lo que, combinado con la nueva climatización, “ayudará a tener una mejor regulación de la temperatura dentro del lugar, tanto para músicos como para el público”, añade.
El compositor destaca que también se atenderá una de las demandas históricas de músicos y artistas: “Los camerinos se remodelarán por completo”, los de la sala y los dedicados a la Ofunam, agrupación residente de este emblemático recinto.
Además, la sala de ensayos del sótano —inaccesible al público— recibirá “un tratamiento acústico adecuado” para albergar ensambles de todo tipo, incluyendo orquestas sinfónicas.












