Restauran las planchas de Goya

Plancha de Goya restaurada. Cortesía
Plancha de Goya restaurada. Cortesía

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid presentó los trabajos de restauración de las planchas de cobre grabadas al aguafuerte por Goya, que constituyen una de las cumbres del grabado universal.

El objetivo de los trabajos fue detener lesiones que se han observado en los últimos años. Se trata de corrosión provocada por la formación del “efecto pila” entre el cobre de la matriz y las capas metálicas superpuestas, lo que se produce de forma natural, favorecido por la humedad ambiental.

Según el museo, este efecto es más pronunciado en los acerados y niquelados; mientras que, por el momento, son más estables los recubrimientos de cromo. El pasado 2 de enero se iniciaron los procesos sobre la colección de 80 planchas calcográficas de Los Caprichos.

Previo a las intervenciones, las obras fueron analizadas por Laura Alba, restauradora del Museo Nacional del Prado, mediante un equipo de fluorescencia de RX, con el objetivo de determinar los elementos que componen las capas metálicas de los recubrimientos.

El proceso inicial consistió en documentar los depósitos de las superficies mediante microscopio digital, generándose documentación gráfica en la que se observan los depósitos de tintas, barnices y capas de protección y focos de alteración de los metales, tanto de la plancha de cobre como de los diferentes recubrimientos.

Las matrices originales de Goya

En el conjunto de matrices de la colección conservada por la Calcografía, que reconstruye la historia del grabado español, destacan las 228 planchas grabadas por Francisco de Goya, que se han incorporado a la institución en diferentes etapas.

Las primeras matrices de Goya fueron compradas directamente al autor en la última década del siglo XVIII, y son las trece láminas de las Pinturas de Velázquez, junto con las matrices del Agarrotado y San Francisco de Paula. Años más tarde, en 1803, ingresaron por Real Orden, los ochenta cobres de la serie los Caprichos, cedidos por Goya al Monarca a cambio de una pensión a favor de su hijo.

Las siguientes series llegaron a la Calcografía bastantes años después, ya que no fue hasta 1862 cuando la Academia adquirió las ochenta láminas de los Desastres de la guerra —cuatro de ellas grabadas al dorso de dos paisajes— y dieciocho de los Disparates, que habían quedado en la Quinta del Sordo a la salida de Goya hacia Francia.

La serie de los Desastres se completó con la donación de Paul Lefort a la Academia, en 1870, de las láminas 81 y 82 de esta serie. Más tardía fue la incorporación a los fondos de la Calcografía de las treinta y tres láminas de la Tauromaquia, siete de estas grabadas también en anverso y reverso.

Los cobres fueron adquiridos en 1920 por el Círculo de Bellas Artes, que los depositó en la Calcografía Nacional en 1936, y fueron comprados definitivamente por la Academia en 1979.