Con motivo de la restitución de su “antimural” Escenario abierto (2000), que recubre la totalidad de las paredes externas de la Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes (Cenart), el pintor, escultor y diseñador gráfico Vicente Rojo se presentó en el también rehabilitado recinto para dialogar sobre lo que “ya es parte indispensable de la vida cultural de nuestra ciudad”, según su coordinador Ricardo Calderón.
Rojo estuvo acompañado por la crítica de arte Sylvia Navarrete, el escultor y arquitecto Fernando González Gortázar y el diseñador gráfico Germán Montalvo. Fue Navarrete quien se encargó de hacerle preguntas a sus compañeros de mesa sobre el mural y su relación con Rojo.
A la petición de la también directora del Museo de Arte Moderno de hablar sobre su negativa de considerar Escenario abierto un mural, Rojo se remitió a la gran relevancia que tienen los murales en México. Planteó la posibilidad de que con el tiempo alguno ya no guste, si está pintado sobre la pared, no se puede quitar, solo tapar.
Entonces, cuando el arquitecto Ricardo Legorreta le pidió cubrir con azulejos el Aula Magna pensó: “Tengo que alejarme del muralismo”. Si la magna obra no está firmada se debe a que “la obra pública se hace importante en cuanto se deja de saber quién lo hizo”, aseguró el artista con su habitual modestia.
En seguida, González Gortázar habló de las colaboraciones de este tipo, es decir, con azulejos, que a partir de 1980 ha realizado con Rojo.
Para el arquitecto, el edificio que alberga el Aula Magna “no existiría sin el mural”. Calificó la estructura de “desafortunada” y de “capilla cavernícola”. Alabó a Legorreta por darse cuenta que el edificio había nacido “semimuerto”, que necesitaba vida, de allí que le encargó a Rojo esa “misión de rescate”.












