En el marco del aniversario de la Revolución mexicana, la casa de la cultura Luis Alaminos Guerrero fue la sede de la presentación del libro Mujeres chiapanecas revolucionarias, de Maribeyner Morales Vázquez.
La autora destacó que, pese a no tener la convocatoria esperada en cuanto al público asistente, lo importante es hablar de ellas y decir que fueron muchas las que participaron en este movimiento social.
Puntualizó que este volumen reúne 21 mujeres chiapanecas que estuvieron activas en la lucha pero que por diferentes motivos estaban ocultas y sus nombres nunca habían salido a la luz. Al hacer su investigación, Maribeyner se encontró con muchos personajes importantes, como en el caso de Clara Moguel de Gamboa, originaria de Tuxtla, cuyo nombre se encuentra inscrito en el Muro de Honor del Congreso del Estado de Chiapas.
En sus líneas, Morales Vázquez habla de mujeres que abandonaron su hogar y su familia y se dirigieron al estado de México, donde conocieron a Francisco I. Madero, además de que fueron precursoras de los ideales revolucionarios y sufragistas.
“Entre quienes encontré en el proceso está María Teresa Rodríguez, reconocida en el Congreso del Estado de Chihuahua, al igual que Dominga Carrascosa de Huerta, originaria de San Cristóbal, entre otras. Tenemos a personas muy valiosas que son oriundas de Chiapas, pero que son otros estados los que les dan el reconocimiento que se merecen”, argumentó.
Muchas de ellas, abundó, recibieron pensiones vitalicias, pero para obtenerlas tuvieron que pasar por muchos obstáculos; uno de estos fue un decreto promulgado en 1936 por Lázaro Cárdenas en el que solicitaba muchos documentos, como presentar nombramientos por parte de los generales, y muchos de esos papeles habían sido quemados por temor a que hubiera represalias por los grupos opositores.
Abunda que hasta antes de este libro, muchos se imaginaban a las revolucionarias como compañeras que caminaban al lado del batallón, con sus trenzas, vestidas de adelita o cargando utensilios de cocina, pero no siempre fue así, ya que en su investigación se encontró con una línea distinta que las coloca como “precursoras de la revolución”.
Abunda que estas compañeras eran personas que tenían ciertos estudios y que hacían el trabajo de enfermeras o comunicólogas, actividad que les permitía plasmar sus ideales.












