Durante el rodaje de la película Amores perros, de Alejandro G. Iñárritu, hubo un hombre del equipo de producción que logró escaparse de la muerte tras contraer una bacteria mientras buscaba basura que sería utilizada en el filme.
Su nombre es Carlos Sanem, quien en ese momento trabajaba con Brigitte Broch, la responsable del diseño de producción del largometraje y, meses después, ganadora del Óscar por su trabajo en Mouline Rouge. “Brigitte le dijo a Carlos que iban a decorar la casa del Chivo, pero con basura real, él le dijo que era peligroso, pero se quería realismo y entonces, con huevos, fueron al basurero y él se contagió de una bacteria que le comenzó a comer el hígado, le metieron medicamento y lo hospitalizaron por un mes”, cuenta Fernando Llanos, quien tuvo a su cargo el making of y el story board del filme. “Días después Alejandro, con ese humor negro que tiene, le dijo ‘pensé que te ibas a morir’”, complementa.
Restaurada
Esta anécdota es una de las más de 70 rescatadas a 25 años del lanzamiento del largometraje y que forman parte del libro Desatar amores perros, de Llanos, que se presenta oficialmente la semana próxima, incluyendo una firma con algunos de los que dieron su testimonio.
Después, iría a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a finales de este año. “Siempre he dicho que soy el chalan más afortunado del cine nacional, ví de cerca todo”, comenta el autor. La idea surgió cuando en el marco del 20o aniversario y aprovechando el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde se presentó la versión restaurada de la cinta, algunos del elenco y el propio Iñárritu ofrecieron una charla virtual. “Es un caleidoscopio de voces de quienes trabajaron en la película. Hasta antes de este libro solo había uno sobre cómo se hizo el Mago de Oz, pero eran solo 30 testimonios”, señala.
El entrevistado impulsa también el lanzamiento comercial de Un afortunado testigo, documental detrás de cámaras de Amores perros, que ha tenido funciones especiales.












