“Voy a tener siete nietos a final de año”, dice Ricardo Montaner durante una entrevista en su camerino del Auditorio Nacional. El cantante de 64 años está entusiasmado por la llegada (el pasado abril) de Índigo, primogénita de su única hija mujer, Evaluna y el cantante Camilo.
“Para un papá no es fácil entregar a su hija en un altar, pero aunque iba emocionado caminando hacia el altar con Eva e íbamos llorando, lo cierto es que yo sabía que se la estaba entregando al mejor tipo que podía encontrar, entonces eso me tiene muy contento”, afirma Montaner.
El argentino atraviesa una de las etapas más personales y fructíferas de su carrera, por una parte su nuevo disco, Tango, que es una promesa a su padre y su abuelo Laurentino, quien le enseñó sus primeros acordes de guitarra y que lo inspira en esta etapa, y por otra, a Índigo, su quinto nieto y la espera de Apolo, el primogénito de su hijo Mau y Sara Escobar, para octubre, según revela el artista.
Por si eso fuera poco, Cristóbal, a quien su esposa Marlene y él adoptaron desde muy pequeño, también está esperando a su primer hijo, a quien Ricardo cuenta como el séptimo nieto. “Era un compañerito de Ricky del colegio y un día se vino a quedar a dormir, típico cuando los muchachos se invitan; él es hijo de puertorriqueños y encontró en Ricky a su mejor amigo y viceversa. Se quedaba un día, después se iba, venía otra semana y así sucesivamente. Cuando nos venimos a dar cuenta Cristóbal estaba viviendo con nosotros y lo hizo hasta que se casó”, relata.
Montaner reconoce que ha sido la fe en común lo que ha mantenido unida a su familia en la industria de la música. Y hoy celebra sus raíces estrenando un álbum donde interpreta temas clásicos como “Cuartito azul”, “El día que me quieras” y “Nostalgias”, una colección que le hace reflexionar sobre sus inspiraciones y recuerdos de la infancia en su natal Argentina, aunque después se naturalizó venezolano.
“Muestro de dónde vengo, mis raíces, van a descubrir al escuchar el álbum por qué hago la música que hago, que mis baladas tienen mucho que ver con el llanto y la tristeza porque el tango es una música donde la gente se desahoga por lo triste de sus relaciones y para mí como inmigrante que me tocó irme a los seis años de alguna manera es mi forma de reconocer al país que me dio la vida”, detalla.
La realización de una serie de televisión con su familia, una gira andando, la alegría de ver llegar a tres nuevos nietos y el amor incondicional de su esposa Marlén Rodríguez son el mejor refugio del cantautor, quien se siente pleno y entusiasmado de encaminar nuevas vidas. “La mejor parte de ser abuelo es saber que los primeros años de sus vidas estoy ahí y van a tener el recuerdo amoroso que yo tengo de mi abuelo Laurentino, ese recuerdo paternal y amoroso”, comentó.











