Un trabajo que comenzó con el pensamiento de que la experiencia más difícil iba a ser entrar a la cárcel, y “realmente lo difícil fue salir de la relación”, concluyó con en un libro. El periodista y escritor Ricardo Raphael, presentó su primera novela, Hijo de la Guerra (Planeta), una historia que mezcla la realidad y la ficción, acerca del espejismo entre el personaje, Galdino Mellado Cruz, miembro fundador del cártel de los Zetas y la historia de violencia que vive actualmente nuestro país, entre feminicidios, asesinatos, desapariciones, ambición de poder y aquello en lo que nos puede llegar a convertir.
“Uno llega con la arrogancia de suponerse muy distinto y muy distante a esa persona, en todos los sentidos. Cuando llegas a ese escenario en la cárcel de Chiconautla, desde luego sientes que hay una gran distancia.
“La única herramienta que uno tiene para acercarse a esta historia es la conciencia propia y la escucha. Empiezan a generarse sentimientos de empatía, no solo de rechazo, sino de comprensión, humor involuntario y desde luego, una enorme necesidad de que esa persona que podría ser un terrible criminal. Hay una conveniencia porque lo humano surja, para que cuando salga de ahí no se le vaya a ocurrir, ir por mí, o por los míos”, explicó.
Durante la presentación de la novela, celebrada en el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro —en la que participaron los escritores Alma Delia Murillo, Enrique Serna y Jorge Volpi— Raphael, dijo que “en el momento cúspide de esta relación empieza a surgir la fecha de despedida, porque habíamos pactado que quizá nos veríamos una vez saliendo de la cárcel pero no más y justo cuando esto empieza a ocurrir, el comienza a tener una actitud dura”.
Raphael comentó que llegó a un punto en el que se dio cuenta que no iba a poder encontrar la verdad, pero sí quería probar por qué alguien construyó una serie de andamios para que eso se mantuviera falso. “Esa es la denuncia, hasta que no podamos combatir un sistema que produce mentiras sistemáticamente, la injusticia de la justicia seguirá ocurriendo. Nuestro sistema judicial no está interesado en producir verdad, no verdad en ninguna forma. Nuestros sistemas periciales están hechos pedazos a propósito, no es por ineptitud. Nuestras policías son ineptas, no porque estén formadas por individuos tontos, sino porque así son más útiles a los intereses”, aseguró el también autor de Mirreynato (2014) y Periodismo urgente (2017).
Para el escritor Jorge Volpi, Hijo de Guerra “es una novela que si se tuviera que escribir en algún tipo de género paradójicamente creo que sería en la picaresca, solamente que es la picaresca del horror, la picaresca del espanto llevada al máximo. Es una especie de lazarillo reconvertido en quien cuenta el peor escenario posible de lo humano en el México de estos últimos decenios, contando aventuras que si no fueran tan horrendas, si no estuvieran descarnadas de humanidad casi resultarían justamente inverosímiles de la acumulación barroca del horror que nos remite, desde luego, al pasado prehispánico, pero también muy claramente a este horror al vacío”.
Por su parte, Enrique Serna señaló que la novela de Ricardo Raphael derriba el mito o la idea de que los capos del narco piensan con la cabeza fría, mantienen los pies en la tierra y no pueden darse el lujo de perder la razón. “El testimonio de Galdino indica lo contrario, enfermos de poder, los Zetas de mayor jerarquía cultivaron con esmero una patología demencial como si las tácticas de imponerse por medio del terror, los hubiera llevado a interiorizar la monstruosidad que al principio adoptaron como un disfraz. El periodismo y la literatura podrían ser los últimos focos de resistencia contra la expansión de los ejércitos criminales. La novela de Ricardo Raphael nos previene contra los riesgos de sucumbir a la lógica del terror”, destacó.
Sin embargo, la escritora Alma Delia Murillo declaró que al leer la novela de Raphael, en dos ocasiones, pudo decir “Pinche Ricardo Raphael, solo la literatura, la buena literatura logra esto, filtrarse como la humedad y dejarnos llenos de dudas, inquietos, sicoseados, como se siente también el periodista, su personaje y álter ego literario durante las más de 400 páginas de esta historia”.











