Ritos que consienten al paladar

Sara Regalado * CP. ¿Qué se puede hacer con azúcar, harina, margarina, royal, huevos, leche, vainilla y frutas secas? Mezclándolo, horneándolo y, finalmente degustándolo, no sólo se disfruta una deliciosa rosca de Reyes, sino que se conserva una tradicional ceremonia gastronómica que, aun cuando proveniente de España, se ha arraigado en México desde hace siglos y se lleva a cabo cada 6 de enero, en el marco de la celebración del Día de los Reyes Magos, también conocido como Día de la Epifanía de Jesús, que en el contexto cristiano es cuando Jesucristo, luego de su nacimiento, se da a conocer a todos los pueblos y culturas y es reconocido como el Rey de Reyes.

Una rosca de Reyes tarda cerca de tres horas y media en elaborarse; según platica la panadera Gloria Arce, quien desde hace años se dedica a hacer y vender pan en la colonia Yeguiste, de Tuxtla Gutiérrez. Desde el 1 de enero comienzan a elaborar las primeras roscas y, conforme se va acercando el 6 de enero, van elaborando más y más. Comentó que, aunque la masa ya tiene una elaboración específica, en sí la rosca puede variar, según el gusto del cliente, en su tamaño, su forma, la cantidad de frutas que lleva, si se quiere algún relleno especial y hasta la cantidad de muñecos que se le introducirán, que van desde apenas dos muñequitos hasta cien.

La rosca tiene que pasar por un proceso; primero integrar los ingredientes primarios como mantequilla y harina. Al tener la masa se forma la rosca, a la cual se añaden los muñecos; se deja reposar una hora y se agregan las frutas secas, y entonces se deja reposar otra hora para que obtenga el volumen apropiado. Finalmente, tarda cerca de 20 minutos en el horno, a una temperatura de 150 grados.

Este delicioso postre es el que cierra el ciclo de la barra gastronómica que se vino disfrutando desde el 24 de diciembre con romeritos, bacalao, pavo, pierna, lomo, ternera, ensalada de manzana o spaghetti; pero también da pauta a seguir consintiendo al paladar, pues a quien le toque el muñequito, que representa al Niño Jesús, sabe que el 2 de febrero, Día de la Candelaria, le tocará compartir tamales con las mismas personas con las que comió la rosca.

Así, aunque al mexicano durante la colonización se le impusieron y modificaron tradiciones, ha encontrado la manera de no perder sus usos, contextos y, evidentemente, su gastronomía.