"Sara Regalado * CP. Rosemberg Solórzano, una pluma implacable, que igual canta a los quetzales, ríos y montañas, como reclama al hombre y a los empoderados el descuido a la naturaleza y a los pueblos marginados.
Rosemberg Solórzano, a su avanzada edad, aún recuerda cómo, desde joven, por diversas circunstancias labores, tuvo la oportunidad de recorrer una gran parte del estado. ""Allá solo, rodeado de tanta naturaleza, de las montañas, los ríos, la niebla, los animales, la inmensa selva, no me quedaba más que dejarme llevar por tanta inspiración y ponerme a escribir todo lo que veía, de lo impetuoso de la naturaleza"", comenta el originario de Tumbalá, Chiapas.
Desde hace varios años, Rosemberg eligió su oficio y es un autodidacta que ha aprendido las artes de la herbolaria para combatir cualquier mal dermatológico. Asimismo, decidió aplicar sus conocimientos en comunidades lejanas del estado, lugares donde sus habitantes tienen que gastar mucho dinero para viajar al pueblo más cercano para que los atiendan de los males a los que están expuestos. ""Esta labor, además de permitirme ayudar a las personas, a hacerles un bien, me da la oportunidad de conocer muchos lugares, algo que no me ha dejado de impresionar, siempre resulta una composición del lugar que visito"", señala.
Rosemberg ya ha tenido la dicha de ver sus obras expuestas. En el 2006 presentó varios de sus poemas y fotografías en el Centro Cultural de Chiapas ""Jaime Sabines"", un hecho que fue para él de mucha satisfacción, pues a cada una de sus composiciones le tiene un cariño especial. Es como si, cuando habla de ellas, lo estuviera haciendo de un hijo, del que recuerdas desde el momento en que fue inspirado hasta el momento en que fue concebido.
""Uno escribe lo que piensa tal cual, no se puede cambiar, la letra no se vende"", asegura Rosemberg cuando comienza a hablar de su libro inédito ""Mis pasos. Selva Lacandona"", un compendio de textos que datan desde la década de los 70, pero al que, él cree, nunca han apoyado con la publicación, ""porque en él también habló de todos los pueblos marginados, de las malas situaciones a las que se enfrentan muchas comunidades"".
""Testigo fiel del paso de los tiempos / azotado por humedales y eternas ventiscas / pan de lágrimas que despenan / al muro de lamentos y tristeza. / Celoso guardián, vigía del que nace / morada eterna del que muere. / Pedazo de patria que guarda / secretos llevados a la tumba.
""Eres mi pueblo, Tumbalá 'campo santo' / donde su gente angustiada / llora su tristeza y desconsuelo / regando con su llanto flores y suelo. / Atrayente de niebla silenciosa / que por las tardes envuelve / tu verde cumbre donde duermen / su sueño eterno los hijos del pueblo.
""Niebla vestida de novia blanca / mensajera de muertos / que besa las tumbas de los míos / con labios húmedos, con labios fríos. / Cuando viejo, solo y enfermo me encuentre / y el final de mi existencia se presente, / pediré a ti ¡oh Dios eterno!, como última morada / entre espinas y matorrales, el Cerro de los Quetzales"". Éste es uno de sus poemas más queridos, pues se lo escribe a su tierra, y más específicamente, al Cerro K'uk'-Witz, nombre en lengua chol que significa Cerro de los Quetzales, un lugar que, por su temperatura, es un nido de estas emblemáticas aves y es donde se extiende el Camposanto de Tumbalá, Chiapas.
Rosemberg espera, además de reponerse de un problema de salud que lo ha mantenido en casa por varios meses, poder ver en un corto plazo su libro publicado. ""Aunque sea por mis propios medios"", asegura.
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