"Fue testigo de cómo sus amigos violaban a una chica, cuando él tenía 14 años y estaba de campamento; días después se cruzó con ella por la calle y se acercó a excusarse por no haberlo evitado, pero ella lo rechazó; siempre se sintió culpable. Eso lo marcó y desde entonces fue un feminista convencido.
Lo anterior es parte de la vida de Sting Larsson, periodista sueco que escribió la trilogía ""Millennium"", la cual ha vendido más de veinte millones de ejemplares en 41 países y se ha traducido a 30 idiomas. Falleció a los 50 años, antes de verla publicada.
La cereza del pastel del primer libro la pone un personaje singular, la investigadora privada Lisbeth Salander, una joven adolescente con una enorme habilidad para obtener información y concentrarse en los más pequeños detalles. Larsson engancha al lector por la intensidad de la atmosfera, contiene un enigma cuya solución está ahí mismo, al alcance de la mano, hasta que es resuelto. Sin embargo, lo que resulta fascinante y lo hace adictivo es el carisma de sus personajes, especialmente los femeninos.
El territorio donde se desarrollan las pesquisas del periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander nos expone el lado oscuro de la modélica sociedad sueca, donde se despliegan todas las degradaciones imaginables: violencia sexual, prostitución de menores, corrupción pública y privada, etcétera. Al enfrentarse a todos estos asuntos, Larsson, a través del quijotesco Blomkvist y la implacable Salander, ofrece un discurso moral explícito, que constituye, sin duda, una intención de denuncia a través de su obra. Hasta el punto que se nos recuerda en el libro que en Suecia el 46% de las mujeres han sufrido violencia por parte de algún hombre.
La vida de Stieg Larsson (Västerbotten, 1954- Estocolmo, 2004) se asemeja a la ficción. Era un periodista idealista, activista contra el racismo, defensor del feminismo y de los derechos de la mujer. Hasta ahí todo bien; las cosas se complicaron cuando murió repentinamente de un ataque al corazón, sin dejar testamento.
Eva Gabrielsson, quien fue pareja de Larsson sin casarse, desde 1972 hasta el 2004, compartió con él sus aventuras como periodista de guerra y ferviente activista contra el neofascismo; sin embargo, el no estar casados resultó decisivo a la hora de repartir la herencia, la cual fue otorgada al padre y al hermano de él, de conformidad con la legislación sueca, que está basada en el derecho germánico medieval, que privilegia el vínculo de sangre por encima de todo. Con su muerte, el hombre que defendía a las mujeres dejó a su compañera de toda la vida sin derecho sobre su obra y, además, enfrentada a dos hombres.
Eva Gabrielsson, quien acaba de escribir un libro sobre Larsson, considera que las grandes ventas se justifican porque la gente encuentra algo en lo que él escribió: la lucha contra la corrupción, la barbarie, la discriminación, la violencia contra la mujer, la cobardía de los medios de comunicación, la ceguera y la corrupción de los políticos. Eso es universal. Puedo interpretarlo casi como una forma de votación. Se está votando por los ideales de Stieg.
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