"Ma. Antonieta Valera de la Torre * AC. Al enterarme por las noticias de la semana pasada, de las cuarenta personas que por minuto pasaron durante 24 horas por el Salón Azul del Senado de Argentina, para velar los restos del ex presidente Raúl Alfonsín, aparece en mi memoria los recientes funerales de políticos mexicanos en esta administración, con la ausencia de la fila de dolientes o la ausencia de personajes en la conmemoración por el asesinato del candidato del PRI a la presidencia de México, Luis Donaldo Colosio; lo que nos hace constatar lo difícil que es encontrar personajes capaces de sostener en el tiempo, la fidelidad colectiva o la influencia entre los ciudadanos, cuando se está lejos del poder y la chequera.
Alfonsín es el personaje que un 30 de octubre de 1983 hace entrar a la sociedad argentina a la vida democrática, después del predominio de la dictadura militar que significaba gravísimos problemas, terrorismo de estado, así como métodos utilizados para deshacerse de todo aquel que no pensara como ellos, súmele también la derrota en la guerra de las Malvinas; por ello algunos estudiosos separaran al gobierno de Alfonsín en tres temas militares: el juicio a los ex comandantes, la política de los derechos humanos y el problema militar en sí mismo.
Alfonsín sentó en el banquillo a los 15 jefes militares acusados de 30 mil asesinatos y desapariciones durante la dictadura Argentina; su figura estuvo relacionada con la de Ernesto Sábato, doctor en Física y escritor argentino, que piensa que ""si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa"".
Registra durante su gobierno cuatro hechos notables; el primero es el juicio a las juntas; el segundo es la decisión del cierre del conflicto de límites con Chile por medio de la consulta popular en la que ganó por 81,5 por ciento del respaldo a la propuesta de paz en el conflicto del canal de Beagle; el tercero es el acuerdo de Foz de Iguazú con Brasil, firmado en noviembre de 1985 entre Alfonsín y José Sarney, en él los dos vecinos abandonaron la doctrina según la cual el otro era un enemigo a batir; el cuarto es la Ley de Divorcio.
La frase más famosa de Alfonsín es ""con la democracia se come, se cura y se educa"", lo que refleja las buenas intenciones del considerado un ejemplo de honestidad y padre de la democracia Argentina. Sin embargo, todos sabemos que con la democracia no se come, no se cura, ni se educa, y podemos aumentar que tampoco se hace justicia; con la democracia se elige pacíficamente, pero es con políticas públicas idóneas que se come, se cura y se educa.
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