La historia comenzó el 29 de julio de 1937. Lo que había sido una vieja bodega de carbón acabaría convirtiéndose en uno de los más legendarios espacios de la Ciudad de México.
“Era la mitad del sexenio de Lázaro Cárdenas, unos pocos años antes de la Segunda Guerra Mundial; los ritmos en boga eran el danzón, el boogie-woogie, el foxtrot, el swing; con esos ritmos se inauguró el Salón Los Ángeles”, dice Miguel Nieto Applebaum, actual propietario del local de baile de la colonia Guerrero, que está por cumplir 80 años de existencia.
Miguel es el tercer Nieto que se hace cargo del lugar. El primero fue su abuelo y el segundo, su padre. Cuando el salón abrió sus puertas, la capital del país era otra y de esa otra ciudad proviene Los Ángeles. El abuelo, don Miguel Nieto Alcántara, tenía un negocio de madera que repartía en las colonias Roma, Condesa y Juárez.
También vendía carbón, que almacenaba en el predio que hoy es el salón de baile: “pero cuando el combustible principal cambió a petróleo y después a gas, se dejó de vender el carbón y dejó de utilizarse ese terreno”. Un amigo suyo, de nombre Alberto Rojas y que había sido socio del salón La Playa en la calle de Argentina, lo convenció de abrir el nuevo espacio de retozo.
Los martes por la tarde, al portón de Lerdo 206 llegaban caballeros muy “pípiris”, con el zapato bien boleado, el saco bien planchado y la corbata en su lugar. “Antes había un código de vestir y de conducta”, dice Miguel.
También refiere que el 99 % del costado izquierdo del salón, incluida su célebre barra, continúa siendo el mismo de 1937.
El salón original puede verse durante 12 minutos en la cinta Una gallega baila mambo (1951, Emilio Gómez Muriel), en la que, además de Joaquín Pardavé, actúan Silvia Pinal, Niní Marshall, Toña La Negra y el trío Los Panchos.












