San Sebastián entre tehuanas

"Sara Regalado * CP. Llegado el momento de celebrar a San Sebastián Mártir, que en Santa María de Jalapa del Marqués, Oaxaca, se conoce como San Sebastián de las Flores (aunque el padre diga que se oye muy ""muxe"" -varón travestido-), nadie se opone, nadie escatima en nada, ni en comida, ni en bebida, ni en adornos, ni en atavíos.

Aunque en esta fiesta tradicional de la región del Istmo los hombres participan activamente poniendo al servicio sus habilidades para acomodar muebles, adornar las calles, amenizar con música y canto y, por supuesto, portar con todo orgullo la guayabera para acompañar a sus bellas mujeres, más bien da la impresión de que en esta fiesta, como en la vida común de este municipio, domina un matriarcado, en donde hombres y mujeres son respetados y dignificados, pero la mujer es la que sabe por dónde llevar el camino; en donde ambos dialogan, pero la mujer va al frente para llevar a cabo lo acordado.

Un ejemplo de esto son los cargos que se dan en esta fiesta, ya que la mayordomía sí está representada por una dualidad, mujer y hombre, pero éstos eligen después quiénes serán las capitanas y las embajadoras, cargos que, a grandes rasgos, tienen la responsabilidad de reunir el mayor número de gente para llevar a la fiesta de la mayordomía, pues entre más grande sea ésta, mucho mejor.

Así, en la casa de la capitana Marena Altamirano, desde un día antes de la festividad, se puso media res en el horno casero, se preparó la sangrita -sangre de res- y el tradicional postre llamado manjar, que es una natilla de vainilla espolvoreada con canela.

Además, se puso a cocer a leña la panza, que serviría de desayuno para quienes llegaran a ayudar a hacer los últimos preparativos de la fiesta al día siguiente.



Para el 20 de enero, día de San Sebastián, la carne ya lleva en el horno cerca 24 horas, por lo que en el ambiente matutino ya se respiran olores que van abriendo el apetito. Los preparativos se vuelven una fiesta familiar en casa de Marena, en donde sus papás, hermanos, nueras, sobrinos, comadres, compadres y, por supuesto, hijos y esposo, colaboran para que todo quede listo y puedan recibir a los invitados, quienes comienzan a llegar después de la misa de San Sebastián.



La indumentaria tradicional

Cuando afuera de la casa de Marena todo ha quedado en orden -el conjunto musical dispuesto, globos, pañuelos, trastes, bolsas y demás adornos colgados en la carpa, sillas acomodadas y comida lista- es cuando hombres y mujeres van a ataviarse con su atuendo, que fue preparado con varios días de anticipación.

Las mujeres comienzan a peinarse y maquillarse entre ellas, a pedir opinión sobre qué tocado floral combina con su vestido de terciopelo o ""piel de ángel"" y a colocarse portentosos medallones dorados. Los hombres, por su parte, no tan llamativos, pero no menos elegantes, lucen sus guayaberas blancas, rojas o negras, con pantalón de vestir.

Poco a poco los lugares dispuestos afuera de la casa de la capitana comienzan a llenarse.

Las mujeres portan, orgullosas, vestidos regionales de la zona del Istmo y, si así les place, comienzan a bailar solas o acompañadas al ritmo de la música que ya se empieza a escuchar. Antes de las 12, todos emprenden la partida a la Iglesia de San Sebastián Mártir, un sencillo templo con un amplio atrio que entonces, a la entrada de las engalanadas personas, funge como la alfombra roja de la fiesta de San Sebastián.

Luego de la misa, cada capitana regresa en procesión a su domicilio con su respectiva gente y ahí, entre baile, fiesta, comilona y bebida, esperan a los mayordomos, quienes deben ir por la capitana y toda su gente para llevarlos a la fiesta grande.

Aunque todo la inversión de la fiesta corre a cargo de la propia capitana y algunos padrinos que la apoyan, si así lo decide, la gente que llega puede cooperar con lo que guste, y de hacerlo, se le anota en una lista, se le da una bebida y algún tipo de recuerdo útil, como una bolsa, un traste o jabón, además de su porción de confeti en la cabeza.



Procesión a la mayordomía

Alrededor de las seis de la tarde llegan los mayordomos, acompañados por varias señoras abanderadas y una banda de metales y percusiones, para recoger a la capitana Malena, quien en ese momento estaba en el centro de la pista bailando con su esposo, don Amet Díaz, sones oaxaqueños.

Los mayordomos pasan saludando a toda la gente, llegan al centro de la pista, saludan con un caluroso abrazo a la capitana y a su esposo, y en ese momento las madrinas de la capitana bajan el estandarte colgado desde temprano en el centro de la fiesta, lo entregan a la capitana y se emprende el camino en procesión hacia la fiesta de la mayordomía.

Al llegar ahí, a cada capitanía se le asigna un lugar para ella y para su gente. En eso momento se realiza ""la regada"", en la que la capitana pasa por todo el amplio espacio de la fiesta para aventar trastes a la gente, que se quiere llevar aunque sea uno.

La celebración no acaba; los dos escenarios dispuestos para que se presenten diversos grupos prometen una fiesta larga y calurosa con baile, botana y bebida, que se extenderá por varios días, en honor de San Sebastián de las Flores.



Para el 20 de enero, día de San Sebastián, la carne ya lleva en el horno cerca 24 horas, por lo que en el ambiente matutino ya se respiran olores que van abriendo el apetito. Los preparativos se vuelven una fiesta familiar en casa de Marena, en donde sus papás, hermanos, nueras, sobrinos, comadres, compadres y, por supuesto, hijos y esposo, colaboran para que todo quede listo y puedan recibir a los invitados, quienes comienzan a llegar después de la misa de San Sebastián.



La indumentaria tradicional

Cuando afuera de la casa de Marena todo ha quedado en orden -el conjunto musical dispuesto, globos, pañuelos, trastes, bolsas y demás adornos colgados en la carpa, sillas acomodadas y comida lista- es cuando hombres y mujeres van a ataviarse con su atuendo, que fue preparado con varios días de anticipación.

Las mujeres comienzan a peinarse y maquillarse entre ellas, a pedir opinión sobre qué tocado floral combina con su vestido de terciopelo o ""piel de ángel"" y a colocarse portentosos medallones dorados. Los hombres, por su parte, no tan llamativos, pero no menos elegantes, lucen sus guayaberas blancas, rojas o negras, con pantalón de vestir.

Poco a poco los lugares dispuestos afuera de la casa de la capitana comienzan a llenarse.

Las mujeres portan, orgullosas, vestidos regionales de la zona del Istmo y, si así les place, comienzan a bailar solas o acompañadas al ritmo de la música que ya se empieza a escuchar. Antes de las 12, todos emprenden la partida a la Iglesia de San Sebastián Mártir, un sencillo templo con un amplio atrio que entonces, a la entrada de las engalanadas personas, funge como la alfombra roja de la fiesta de San Sebastián.

Luego de la misa, cada capitana regresa en procesión a su domicilio con su respectiva gente y ahí, entre baile, fiesta, comilona y bebida, esperan a los mayordomos, quienes deben ir por la capitana y toda su gente para llevarlos a la fiesta grande.

Aunque todo la inversión de la fiesta corre a cargo de la propia capitana y algunos padrinos que la apoyan, si así lo decide, la gente que llega puede cooperar con lo que guste, y de hacerlo, se le anota en una lista, se le da una bebida y algún tipo de recuerdo útil, como una bolsa, un traste o jabón, además de su porción de confeti en la cabeza.



Procesión a la mayordomía

Alrededor de las seis de la tarde llegan los mayordomos, acompañados por varias señoras abanderadas y una banda de metales y percusiones, para recoger a la capitana Malena, quien en ese momento estaba en el centro de la pista bailando con su esposo, don Amet Díaz, sones oaxaqueños.

Los mayordomos pasan saludando a toda la gente, llegan al centro de la pista, saludan con un caluroso abrazo a la capitana y a su esposo, y en ese momento las madrinas de la capitana bajan el estandarte colgado desde temprano en el centro de la fiesta, lo entregan a la capitana y se emprende el camino en procesión hacia la fiesta de la mayordomía.

Al llegar ahí, a cada capitanía se le asigna un lugar para ella y para su gente. En eso momento se realiza ""la regada"", en la que la capitana pasa por todo el amplio espacio de la fiesta para aventar trastes a la gente, que se quiere llevar aunque sea uno.

La celebración no acaba; los dos escenarios dispuestos para que se presenten diversos grupos prometen una fiesta larga y calurosa con baile, botana y bebida, que se extenderá por varios días, en honor de San Sebastián de las Flores.

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