"Verónica Huesca * CP. ""Santa Claus no existe, existe San Nicolás de Bari"", senala el padre Marco Antonio Fajer de la Iglesia de Guadalupe, cuando se le pregunta sobre la tan ya conocida imagen del viejito regordete, vestido de rojo, con una gran barba blanca que a tantos ninos encanta y a quien le piden el cumplimiento de sus más grandes ilusiones y ambiciones para este 25 de diciembre.
""San Nicolás de Bari era un obispo que gustaba de cuidar a los ninos y con el tiempo se le puso Santa Claus"", agrega la autoridad religiosa.
Cuando esta leyenda llega a la Europa germánica, poco se sabía de San Nicolás, más que había nacido en Parara de Licia, una antigua provincia de Asia Menor (hoy Turquía), durante el trono de Constantino. San Nicolás tomó también medidas severas contra el paganismo y lo combatió; además pidió que se pusiera en libertad a tres inocentes hombres, hecho que logró, convirtiéndose en su milagro más famoso.
""Además se preocupaba por los ninos de la calle y por sus madres. San Nicolás de Bari derivó en llamarse Santa Claus"", senala el padre.
Según la leyenda, después de su muerte en el ano 345, San Nicolás resucitó a tres ninos que habían sido asesinados y desechados en un barril de sal.
Esto y sus actos altruistas, que emprendió en vida, dieron paso a las anécdotas en Alemania, Suiza y los Países Bajos, sobre el hecho de que San Nicolás traería secretamente regalos para los ninos un 25 de diciembre y los dejaría en la noche entrando por la chimenea de la casa.
Dicha costumbre fue popularizada en Estados Unidos por los protestantes holandeses, que convirtieron al santo en un mago nórdico. Su nombre fue abreviado, no solo a San Nic, sino también a Sint Klaes o Santa Claus.
La mitra de obispo fue remplazada por el famoso gorro rojo, su cruz pectoral desapareció y se mudó de Turquía al Polo Norte.
El Santa Claus pagano cautivó la imaginación de los agentes publicitarios en el occidente; su vestimenta roja gustó en demasía a los magnates de un conocido refresco de cola, porque ése es también el color publicitario que maneja dicha corporación.
Así hoy día, Santa Claus es utilizado para vender toda clase de productos en el mercado, además de que también es una imagen de reprensión y castigo hacia los ninos cuando se portan mal, sin embargo, en este mundo moderno casi nadie recuerda su verdadera historia, convirtiéndose en un símbolo cultural, y sobre todo, en un ícono redituablemente publicitario.
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