Parece que Vogue no acaba de encontrar el tono para dirigirse a las nuevas generaciones —llámense millennials, Generación Z o nativos digitales—. Su última portada tenía como protagonista a la pareja de famosos e influencers Zayn Malik y Gigi Hadid (ella con 35 millones de seguidores en Instagram, él con 23 millones) posando acaramelados y demostrando que la moda no entiende de géneros.
Lo que en principio pretendía ser una sesión de fotos que sintonizara con las inquietudes de los más jóvenes, ha terminado con un comunicado en el que la edición estadounidense de la publicación ha tenido que pedir disculpas.
Las redes no tardaron en poner en evidencia a la revista por la ligereza con la que se había tratado el tema. “Creo que Vogue no tiene muy claro lo que significa la fluidez de género. Vestir la camiseta de tu novia no te convierte en alguien de género fluido”, escribía la editora y escritora Colette Fahy en Twitter.
Aunque el cantante británico, de 24 años, “se atrevía” con algunas prendas excéntricas de la última colección de Gucci, para muchos fue ir demasiado lejos convertirlos en adalides de una lucha que poco tiene que ver con ellos.
En Cosmopolitan, el escritor transgénero Jacob Tobia se pronunció contra la ya recurrente “apropiación cultural”, criticando el “tomar prestados los símbolos e ideas creadas por un grupo de personas para usarlos sin crédito, colaboración o compensación para exaltar a gente que precisamente no forma parte de este grupo oprimido”.
Vogue, que reconoció en su disculpa que “pretendían remarcar el impacto que las comunidades de género fluido y no-binario han tenido en la moda y la cultura”, entonó el mea culpa: “Sentimos mucho que la historia no haya reflejado de forma correcta ese espíritu. Hemos fallado”.












