El 30 de junio se estrenó el espectáculo Silence of Sound en el Festival de Música PAAX, del 29 de junio al 3 de julio, en el Hotel Xcaret Arte en Quintana Roo. Fue creado por la fundadora de la Orquesta Filarmónica de las Américas y de la Orquesta Imposible, Alondra de la Parra, y la artista Gabriela Muñoz, conocida como “Chula the Clown”. Ambas llevan la batuta en su área: la primera, en la dirección escénica, y la segunda, en la interpretación de la coreografía o narración performática.
La escenografía se complementa con la proyección de animaciones hechas por Nueve Ojos, estudio catalán de arte digital. La representación de obras escénicas y de orquesta, en el mismo espacio, le abre posibilidades a Silence of Sound y la convierte en una especie de ópera sin diálogos, que ensambla piezas de Debussy, Bartók, Stravinsky, Weber, Berlioz, Massenet, Sibelius, Prokófiev, Ibarra y Brahms —interpretadas por la Orquesta Imposible—, con elementos visuales.
Para la guionista de la obra, la escritora Luisa Reyes Retana —Premio Mauricio Achar Literatura Random House 2017 por Arde Josefina— no fue sencillo escribir el libreto de un show donde los géneros se desdibujan. “El ‘clown’ es fantástico para expresar emociones, sin que eso le impida a la música hacer lo suyo. El trabajo de Nueve Ojos es, en sí mismo, ya una pieza. Yo admiro el talento y la paciencia de la gente detrás de ‘Silence of Sound’ para coordinar el video, la orquesta y la coreografía. Es una apuesta”, señala la novelista.
La historia, a grandes rasgos, trata sobre una mujer que pasa por “varias etapas: desde la infancia, el juego y la parte creativa hasta el miedo, el enamoramiento —primero, del chico correcto; luego, del malo—, la decepción y el empoderamiento inmaduro, que la lleva a ser poco empática y maltratar a la orquesta. “El proceso culmina con la gran revelación: cuando ya se vivió lo suficiente, a veces uno descubre que pudo comportarse mejor, y esa tristeza opaca profundamente”, cuenta Reyes Retana.
Asimismo, describe a “Chula the Clown” como un álter ego —un personaje tragicómico con el que podrían identificarse todas las mujeres: “el espejo de muchas”, dice—, que da una vuelta a para regresar a ser ella misma. Una fuga o un desprendimiento, un minuto en la imaginación de la protagonista, quien se va a otros lugares y vive en la fantasía. “Hay muchas partes que son anécdotas de las vidas de Alondra y Gabriela, son su propia historia”, indica.
Cada etapa es representada con distintos escenarios: “Chula the Clown” se encuentra dentro de una jaula, vive bajo el agua o se ve a sí misma como una dictadora. “Alondra me enseñó y me explicó los movimientos del ‘stage’, del escenario. Aprendí a distinguir el oboe, el chelo y el violín; el clímax o la música que alude al canto de un pájaro. Pude descubrir la trama desde el ‘score’”.
Agrega que “tiene mucho sentido narrar esta historia a partir de una partitura… Hay algo mágico en ser testigo del trabajo de Gabriela y Alondra porque a, pesar de que me siento profundamente vinculada al show, también tengo el privilegio de observar por la mirilla, sentada en una esquina sin que nadie me vea y percibir cómo se crea, en tiempo real, el espectáculo en escena. Una de las dos considera con disciplina la parte musical, y la otra está atenta siempre a lo gestual”.











