La violencia en México se ha interpretado como consecuencia de una crisis moral, es decir, una ruptura del «tejido social”; sin embargo, el escritor, antropólogo e historiador nacido en Chile, en 1957, y naturalizado mexicano, Claudio Lomnitz, asegura en entrevista que la rasgadura responde a que el Estado mexicano ha “tirado la toalla” y ha perdido la capacidad de regular la economía informal y la economía ilícita y se la ha entregado al crimen organizado, lo que ha llevado a la conformación de un nuevo Estado mexicano que cuenta con un alto grado de soberanía pero poca capacidad para regular su aparato de policía y justicia criminal.
“En el sistema actual, la reacción ha sido la misma que ya venía del pasado, que es concentrar más poder en el Presidente, cada vez más, concentrar más poder en las Fuerzas Armadas, e ir perdiendo la capacidad de regular administrativamente lo que sucede en todo el sistema de justicia, incluido el de la policía”, señala el investigador y profesor de la Universidad de Columbia, quien además es miembro de El Colegio Nacional desde el 5 de marzo de 2021.
Lomnitz habla en entrevista, desde Nueva York, a propósito de la publicación de su libro El tejido social rasgado (Ediciones Era) que reúne las primeras seis conferencias que dictó como miembro de El Colegio Nacional, en las que hace un análisis para explicar desde la antropología social los orígenes y la naturaleza de los cambios económicos, sociales y políticos que están en la raíz de la violencia actual y el uso de las Fuerzas Armadas como defensoras de la seguridad nacional.
Habla de un nuevo Estado mexicano ¿Dónde lo cambiamos, dónde nos perdimos?
El origen de la cosa y lo que va pasando es por la reacción de los diferentes gobiernos. Donde hay continuidad en el sistema actual es en la reacción, que ha sido la misma, que es concentrar más poder en el Presidente, cada vez más, concentrar más poder en las Fuerzas Armadas, e ir perdiendo la capacidad de regular administrativamente lo que sucede en todo el sistema de justicia, incluido en el de la policía.
Lo que vemos con López Obrador es más de los mismo, pero más exagerado; entonces ya estamos realmente al borde de un regreso, o un intento de regreso, porque no creo que sea exitoso; es un intento de regreso a un sistema más parecido a lo que llamaban los viejos priistas “carro completo”: tratar de que un solo partido, Morena, realmente vuelva a controlar todo el territorio con un Presidente fuerte y así volver a reconstituir cierto control sobre lo público.
Eso ha sido lo que han estado tratando de hacer un presidente y otro y otro y otro, y éste ha tenido quizás un poco más éxito que los anteriores, pero con un enorme costo para muchas cosas, incluidos costos económicos, costos políticos, costos para la democracia, en fin, muchos costos.
En el libro asegura que el Estado mexicano ha tirado la toalla. ¿Claudicó de sus obligaciones de impartición de justicia?
En ese sentido el libro apunta hacia entender que el gobierno de López Obrador contrasta con los anteriores, en muchos sentidos, para bien y para mal, las dos cosas, no solo para bien y no solo para mal; pero hay un sentido en que está básicamente montado sobre el mismo problema y aprovechándolo para concentrar todavía más poder en el Presidente y todavía más poder en las Fuerzas Armadas.
En ese sentido pues sí es muy preocupante lo que ha pasado en este último año porque se sigue profundizando y a un ritmo muy acelerado, eso es lo que me parece también bastante notable.
¿Y la sociedad cómo queda cuando hablamos de que se ha rasgado el tejido social?
Los costos para la sociedad, para el país, para la economía, la política, la democracia como bien, son altísimos, y la violencia sigue imperando y creciendo, hay un abandono total no solo del bienestar social en todos sus ámbitos. La capacidad de regular el tema de la violencia sigue en el fondo, en el terreno mismo que estaba en la época de Felipe Calderón, que es tratar de regularlo a través de diferentes estrategias, pero son permutaciones del mismo planteamiento; en la época de Calderón se trataba de hacer, siguiendo un tipo de receta como de la DEA.
¿Pero y eso de que “no somos iguales”?
Aunque hay cambios muy importantes entre la estrategia de López Obrador de “abrazos no balazos” versus los sistemas anteriores, hay cambios muy importantes, al final de cuentas sigue habiendo un intento, como quien dice, de modular la violencia, o regularla a través de cederle algún terreno a un grupo, impedir el crecimiento del otro; es decir, hay un intento como de regular manejando un poco la correlación de fuerzas entre los grupos criminales, están en eso y eso no les ha funcionado y la razón por la que no les ha funcionado y ni les va a funcionar es porque primero que nada las economías ilícitas son sumamente flexibles, es decir, no es una sola fuente de riqueza.
En mi libro El tejido social rasgado comparo el papel de la cocaína en los 80 y en los 90 con el descubrimiento que tuvo el papel del oro y la plata en América, el nacimiento de una burguesía en Europa. La economía de la droga, al principio, detonó el crecimiento de cierta forma de organización empresarial de las economías ilícitas y ayudó a transformar la distribución de la capacidad de ejercer la violencia en el territorio. La droga, estrictamente el narco, tuvo un papel histórico fundamental, pero una vez que ya tienes eso, la economía ilícita es sumamente flexible.
El tipo de Estado en el que estamos es de un tipo que usa al Ejército y usa las Fuerzas Armadas para que puedan funcionar un poco como el fiel de la balanza, en un momento dado, limitar un poco el avance de un grupo contra otro, pero no realmente meterse a regular la economía, y para poder terminar con eso necesitas un Estado que pueda regular la economía.
¿Estamos ante un futuro más incierto y quizás más violento?
Creo que necesitamos ir construyendo realmente un análisis, una conciencia y luego un movimiento social y político que realmente dé cuenta de todo lo que pasó. Decir “todo lo malo fue antes y el neoliberalismo es todo lo malo” es falso por varias razones, porque en parte el neoliberalismo entró en un contexto de quiebra del modelo anterior, entonces quiere decir que el modelo anterior también tiene culpa en lo que estamos viviendo, no solo el neoliberalismo. No es “el neoliberalismo fue malo y hay que recuperar lo anterior”, no, el neoliberalismo surgió como solución a la quiebra del sistema anterior. Una verdadera crítica tiene que tomar en cuenta no solo los errores y las distorsiones generadas por el neoliberalismo, que son muchas, sino también las del sistema anterior.
Pero cada mañana y en todo momento se insiste en que el neoliberalismo es culpable.No todo lo que sucedió en la época neoliberal fue malo, hay muchas cosas que sucedieron que son reclamos populares, muchos tipos de derechos, como la demanda de los derechos humanos, los feminismos que están ligados a movimientos globales, pero el gobierno actual quiere básicamente una reacción nacionalista, cerrada, un cierto regreso; hay una retórica, por lo menos, favorable a la autarquía, volver al mercado nacional, a las empresas nacionales, todo nacional, como antes. Pero México ya no puede estar metido nada más en un mercado nacional.
¿Para dónde vamos, qué tanto daño nos hace que las Fuerzas Armadas tengan cada vez más poder, que el presidente tenga más poder?
Es muy alarmante porque no pienso que las Fuerzas Armadas tengan realmente la capacidad de regular las economías informales, las economías ilícitas ni tampoco en general todo el sistema económico, de propiedad, de seguridad pública. Lo que están alegando en el gobierno es que así pueden meter a la cárcel a un periodista porque les fue incómodo, pueden meter a la cárcel a un empresario, pueden meter a la cárcel a un opositor, pueden meter a la cárcel a quien se les pegue la gana.
Entonces es un sistema que se presta para el autoritarismo, pero el problema es que los militares no tienen la capacidad realmente de regular la economía. Ojalá las mismas Fuerzas Armadas recapaciten un poco porque les están entregando realmente un paquete con el que no van a poder.
Dice en el libro que “el Estado actual mexicano tiene mucha soberanía, pero poca capacidad administrativa”. ¿Caminamos hacia un Estado autoritario?
Sí, y eso no es solamente de este gobierno. Desde el momento en que se declaró la guerra contra el narco en 2006 se renunció a la capacidad de regular las economías ilícitas desde el aparato de justicia, lo que significa ya una concentración de poder en el gobierno federal, en las Fuerzas Armadas, en la Presidencia de la República, eso empezó ahí, y eso le ha servido mucho a este gobierno que tiene una ideología que considera que todo esto al final es para bien porque ellos “son buenos”.
Pero no son buenos ni malos, son gobiernos. Se trata de cómo le pones ciertos frenos al Poder Ejecutivo, al poder militar, dado este camino en que se ha ido perdiendo la capacidad reguladora del gobierno y que no han querido invertir lo que tienen que invertir para poder reconstituir esto. Y desgraciadamente sí es una cosa muy delicada en la que estamos ahorita, de eso hay que estar muy conscientes.












