Sello Fulgencio Pimentel llega a México

Alberto García Marcos, editor del sello Fulgencio Pimentel. Cortesía
Alberto García Marcos, editor del sello Fulgencio Pimentel. Cortesía

En medio de la crisis que atraviesa el mundo, una editorial española cruza el océano Atlántico para desembarcar en México tras casi 15 años en el país europeo, en el que han sobrevivido a una crisis económica a nivel global y a cuatro cambios de distribuidor, algo que muchos considerarían mortal.

“Hacer libros es nuestra pasión y el medio de ganarnos la vida, de modo que no tenemos otra opción que sobrevivir cada vez que nos topamos con una crisis”, sostiene Alberto García Marcos, editor del sello Fulgencio Pimentel.

A lo largo de 14 años en varias ocasiones se han tenido que enfrentar a situaciones adversas, aunque ninguna como la que en la actualidad se atraviesa debido al coronavirus por lo que sostienen “¡quizá sea pronto para afirmar que hemos sobrevivido…!”. No obstante la pasión por crear libros es el motor que los mueve y a continuar con su llegada a nuestro país.

“No tenemos otra opción que sobrevivir cada vez que nos topamos con una crisis”, ante lo cual se ha vuelto esencial hacer cambios en la forma en que llegan a sus lectores y ampliar las cadenas de distribución en otro país, así como negociar “como leones” con todos los integrantes de la cadena del libro.

Fulgencio Pimentel, editorial especializada en novela gráfica, poesía y álbum ilustrado, consideró desde un inicio su distribución en América Latina, donde ya ha llegado a Colombia, Argentina, Chile y Perú, pero, pese a que tenían una filial en nuestro país desde hace aproximadamente dos años, recién han llegado a un acuerdo con Sexto Piso para impulsarse en México.

Respecto a su incursión consideraron fundamental contar con prosperidad económica y ofrecer un buen servicio, aunque el coronavirus ha hecho que sufran un revés en su implantación.

El cierre de tiendas como medida para prevenir los contagios ha supuesto un golpe a uno de sus principales puntos de venta, así como un paro en la producción, pues el editor Alberto García Marcos considera que no tiene sentido producir libros para que se acumulen de polvo en un almacén.

Sin embargo eso no ha sido motivo para que no trabajen en productos futuros con la intención de tenerlos listos, pues aún pueden continuar en actividades como la gestión de derechos y la revisión de manuscritos, entre otras. “Aunque parezca mentira, el ritmo de trabajo es prácticamente el mismo en tiempos de pandemia”.

La incertidumbre sobre el futuro es una de las limitantes para considerar algunas medidas postpandémicas, pues no es posible imaginar el panorama que quedará una vez que se regrese a la normalidad.

La pandemia ha afectado el tejido comercial, incluso algunas librerías han cerrado y basta recordar la situación que atraviesan las editoriales independientes en México, motivo por el cual Sexto Piso, Ediciones Era y Editorial Almadía se unieron en una campaña de Donadora con una alerta clara: La cadena comercial del libro se ha roto de manera drástica.

Cuestionado por Metabooks México, Juan Arzoz, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), dijo a finales de abril que ellos como Cámara piden que la apertura de librerías y centros culturales sea un poco más rápida que el comercio formal; además que algunas librerías consideran que su estabilización sea en unos 10 o 12 meses.

“El flujo de toda la industria editorial, y del libro, incluso de muchas de artes gráficas, entra por la caja. En la medida en que entre dinero a las cajas registradoras, toda la cadena produce”, dijo Arzoz.

“Estamos como todos. Aburridos, asustados, inquietos…”, es como inicia la primera misiva de Libros para un confinamiento, misivas a los lectores que la editorial Fulgencio Pimentel ha empleado para hablar con sus lectores, estimularlos y también sugerirles un libro ante la cuarentena por covid-19.

La idea surgió con la mente de Isabel Bellido, a la cual se le afinaron detalles y se lograron mensajes concretos y directos, que a la vez tan sensibles que tocan las emociones de los bibliófilos que están en cuarentena con sus libros, ventanas de aventuras al igual que la música, y el cine, e incluso la cocina.