La burocracia sindicalizada que opera la cultura en México en instituciones como el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el antiguo Consejo Nacional para la Cultura y las Artes –agrupados en la naciente Secretaría de Cultura–, “es un lastre que no deja funcionar las poleas de las instituciones y han formado grupos que fomentan una cultura del no trabajo”.
Es un “capital humano que reproduce problemas de inequidad y vicios sindicales”, como la herencia de plazas, sin que exista un servicio civil de carrera dentro de sus filas; es un conjunto de personas imposible de evaluar desde el punto de vista productivo como si laboraran en empresas, donde “sólo es un pequeño sector el faltista, holgazán y que no desempeña eficientemente su labor, como sucede en todo el sector público”. Así lo expresan Gilberto Guevara Niebla, Ernesto Piedras y Bolfy Cottom, quienes se han acercado desde distintos puntos a esta burocracia.
Los números, según información obtenida por transparencia, indican que en la práctica existen 15 mil 316 burócratas registrados en las oficinas del INBA, INAH y la Secretaría de Cultura, de los cuales 10 mil 127 se agrupan en torno a 18 secciones sindicales.
Cada uno de estos trabajadores sindicalizados tiene derecho a seguridad social y prestaciones como: despensa anual por 11 mil 172 pesos, 450 pesos para guardería, primas por antigüedad, pagos extra por hora y en fin semana; acceso a prótesis ortopédicas, anteojos y lentes de contacto gratuitos, créditos especiales de vivienda, adquisición de vehículos y descuentos en colegiaturas.
Para Gilberto Guevara Niebla, dirigente estudiantil de 1968, expresa: “Yo estoy a favor de un sindicalismo saludable y constructivo. Y no como ha sucedido en algunas instituciones, donde los sindicatos son dirigidos por gente lumpenizada, una especie de pandilla que ha provocado un desastre, porque impulsan una tendencia que fomenta una cultura del no trabajo”.
Por su parte Ernesto Piedras, experto en economía cultural, expresa: “Aunque llegó en un momento complicado en términos de finanzas públicas, se planteó una construcción sobre la misma base de empleados y funcionarios, que propicia una buena oportunidad para formar cuadros y un servicio civil de carrera dentro de la cultura, dirigido no sólo a mandos medios y superiores, sino a los trabajadores sindicalizados, que también son la base laboral de la cultura. Porque al final, todo el gasto que hagas en preservación patrimonial o construcción de infraestructura, añade, sin el tratamiento adecuado… podría perderse o incurrir en ineficiencias”.












