Es necesario generar nuevas alternativas, alfabetizarnos en danza y presentar temas diferentes en los tablados, generar otros repertorios para engalanar a los escenarios a donde deben llevarse coreografías con apertura, cuya trayectoria y noción en el mundo de la danza busquen distintos caminos, procesos de construcción coreográfica con discursos interesados en proveer visiones rituales nacidas de la investigación filosófica y corporal, porque de eso depende elevar el trabajo escénico de los grupos de danza folclórica, para no sólo quedarse a representar la fábula. Hay que poetizar la danza, “el discurso de la danza constituye al igual que el de la poesía, desde la observación de Octavio Paz, un lenguaje que se refiere primordialmente a la imaginación” (Rosales, 2007).
Pero no todo está perdido, en Tuxtla parece brillar una luz que ilumina los escenarios, se mueve diferente, es un grupo novel con la visión de brindar una nueva generación de pensadores-bailadores del folclor y tal como lo han hecho el Grupo Propuesta de Pablo Parga o el Ballet Folclórico de la universidad de Colima que dirige el maestro Rafael Zamarripa, heredero de la técnica y filosofía de Amalia Hernández, quiénes generaron su propio lenguaje, su propia voz a partir de lo que aprendieron de sus maestros, el Taller de Danza Tzocoy-Omba genera intervenciones coreográficas basadas en el estudio y la investigación atropológica, etnográfica, etnocoreográfica y etnomusicológica, gracias a la visión del antropólogo Leopoldo Gallegos Vázquez, director artístico del grupo desde 1999.
La propuesta coreográfica de Tzocoy-Omba permite elevar el trabajo escénico de la danza folclórica, a través de una narrativa corporal y la presencia de un ejercicio escénico novedoso, establece la intercomunicación con una relectura del folclor chiapaneco, así también, buscan generar imágenes que lleven al espectador al encuentro con la fiesta y lo simbólico del acto ritual que hay en la misma, permiten establecer un diálogo con el espectador, haciendo uso de todos sus recursos.
Mientras lo multicolor de su vestuario a cargo de Antonio Pérez Hernández y la utilería realizada por Arturo Villafuerte Ríos y Darwin Iván Guzmán Acuña, acentúan la presencia de una estética popular que transita entre lo indígena y lo mestizo, la investigación monográfica y musical a cargo de Miguel Ángel Barrientos Ocaña, permite representar la diversidad étnica del estado de Chiapas olvidada por los otros grupos, se ve claramente durante la ejecución de las coreografías cómo cada elemento descrito en la monografía se escenifica formando así un repertorio atractivo con el que han obtenido varios reconocimientos en los festivales del Encuentro Nacional de Arte y Cultura (ENAC) celebrado por la Dirección General de Escuelas Técnicas Industriales (DGETI) en los estados de Durango, Michoacán, Veracruz, Guadalajara, Quintana Roo, Zacatecas, Yucatán, Querétaro y recientemente en Monterrey, Nuevo León, donde obtuvieron la presea Ulama al mejor cuadro costumbrista con el programa “De Fiesta” que incluye la representación de la fiesta del 21 de octubre de Chiapa de Corzo y la integración de algunas danzas de influencia guatemalteca que se llevan a cabo en la sierra de Chiapas, utilizando música donde se acentúa la presencia de un instrumento que poco a poco se ha ido quedando en el olvido, la chirimía.












