México * El Universal. La discriminación que sufren algunos jóvenes mexicanos llega a extremos pavorosos: varios de ellos se han quedado con cicatrices porque sus padres les han arrancado un pearcing, pero también por sí mismos se han infringido lesiones graves cuando han intentado borrar con ácidos ese tatuaje que les ha impedido conseguir un empleo.
Creyeron que eran duenos de su cuerpo y decidieron tatuárselo o hacerse una perforación, no pensaron que ese acto podría causarles problemas, ser considerados delincuentes, ser levantados por policías que les siembran droga o, lo menos, ser repudiado.
De esas historias sabe Dante Salomo, el joven dueno de una tienda de perforaciones e impulsor de la Primera Encuesta Nacional contra la discriminación y la violación de los derechos de las personas tatuadas y perforadas.
En ella participaron 598 individuos de todas las edades, 214 mujeres y 384 hombres; que manifestaron haber sufrido distinción, restricción, exclusión, represión y violencia verbal y física por llevar un tatuaje o una perforación.
La mayor discriminación la sufren en el trabajo porque no pueden conseguir empleo o al pasar al examen médico son rechazados, sin que interese su nivel de estudios o capacidad.
La encuesta es abanderada por el diputado panista Miguel Ángel Herrasti, quien incluso ya propuso la iniciativa de Ley ante la Asamblea Legislativa del DF, para reformar el Artículo 4 de la Ley contra la discriminación, donde no están incluidos los tatuados y perforados.
La discriminación que sufren los mexicanos los ha puesto ante la disyuntiva de seguir siendo los duenos de sus cuerpos, tatuarse, perforarse y no aspirar a un empleo formal, o quedarse con las ganas, porque incluso en el lugar más escondido, son discriminados y rechazados.











